El devastador sismo registrado en Japón debería despertar una conversación urgente en nuestro país: ¿estamos preparados para el día en que la tierra decida temblar aquí?
Qué triste es lo que ha sucedido en Japón.
Mientras observaba las imágenes del fuerte terremoto que dejó personas fallecidas, decenas de heridos y edificios destruidos, no podía dejar de pensar en República Dominicana.
No pensaba en Asia.
Pensaba en nosotros.
Pensaba en nuestras familias.
Pensaba en nuestros hijos.
Y recordé que hace apenas unas semanas escribimos varios artículos advirtiendo sobre la posibilidad de que un terremoto de gran magnitud ocurra en nuestro país.
Hoy, después de ver lo sucedido en Japón, vuelvo a hacerme la misma pregunta.
¿Esperaremos a que ocurra para empezar a prepararnos?
Japón es considerado uno de los países mejor preparados del mundo frente a los terremotos. Aun así, el sismo registrado este martes en la prefectura de Kumamoto dejó víctimas, decenas de heridos y daños materiales, movilizando de inmediato a los equipos de emergencia y poniendo nuevamente a prueba sus protocolos de respuesta.
Si un país con esa experiencia sufre las consecuencias de un terremoto, ¿qué podría ocurrir en República Dominicana?
No escribo estas líneas para sembrar miedo.
Las escribo porque me preocupa que estemos ocupando horas y horas hablando de los temas que dominan la conversación del momento, mientras muy pocas veces dedicamos ese mismo esfuerzo a educar a la población sobre un riesgo que puede cambiar la historia de nuestro país en menos de un minuto.
Hoy hablamos de Alofoke.
Ayer hablábamos de Boca de Piano.
También de Antonio Espaillat.
Ahora de Nuria Piera.
Y mañana aparecerá otro tema.
Así funciona la noticia.
Pero hay asuntos que nunca deberían desaparecer de la conversación nacional.
Imagino, por ejemplo, un programa especial de Nuria Piera, aprovechando la enorme credibilidad y audiencia que ha construido durante décadas, dedicado exclusivamente a responder una pregunta:
¿Está preparada República Dominicana para un gran terremoto?
Imagino a geólogos, ingenieros estructurales, especialistas del Centro Nacional de Sismología, miembros del COE, la Defensa Civil y el Cuerpo de Bomberos enseñando, de forma sencilla, qué hacer antes, durante y después de un sismo.
Estoy convencido de que un programa así podría salvar vidas.
También pienso en nuestras iglesias.
Cada semana miles de personas se reúnen en templos de todo el país.
Los pastores y líderes religiosos tienen una extraordinaria capacidad para movilizar comunidades y promover la solidaridad.
¿Por qué no aprovechar esa fortaleza para organizar jornadas de orientación, simulacros, brigadas comunitarias y redes de apoyo para responder cuando ocurra una emergencia?
La Biblia nos ofrece un ejemplo que sigue teniendo vigencia.
José interpretó el sueño del faraón y entendió que los años de abundancia debían aprovecharse para prepararse para los años difíciles.
No esperó la crisis.
Se preparó antes.
Quizá esa sea la enseñanza que hoy necesitamos como nación.
Los expertos del Centro Nacional de Sismología de la UASD han recordado en numerosas ocasiones que la República Dominicana está ubicada sobre importantes fallas geológicas activas, entre ellas la Septentrional y la Enriquillo-Plantain Garden. Los científicos insisten en que no es posible predecir cuándo ocurrirá un gran terremoto, pero sí coinciden en que la preparación y la educación reducen el riesgo y salvan vidas.
Por eso también creo que el Estado debe continuar fortaleciendo la evaluación de escuelas, hospitales, edificios públicos e infraestructuras críticas. Del mismo modo, las empresas privadas deberían revisar periódicamente sus planes de evacuación y sus protocolos de emergencia.
No podemos evitar que la tierra tiemble.
Pero sí podemos evitar que la falta de preparación convierta un desastre natural en una tragedia aún mayor.
Japón volvió a recordarnos que la naturaleza no avisa.
La pregunta es si nosotros queremos escuchar la advertencia.
Porque ojalá nunca tengamos que escribir sobre un terremoto devastador en República Dominicana.
Pero si algún día ocurre, espero que podamos decir que hicimos todo lo posible para preparar a nuestra gente.
Educar también es salvar vidas.
Y esa conversación debe comenzar hoy.
Observatorio Fundación RATT Dominicana