Décadas sin un gran terremoto en el sur dominicano mantienen bajo observación a uno de los segmentos más importantes de la isla, aunque la ciencia insiste en que nadie puede predecir cuándo ocurrirá un sismo.
La noticia no es que vaya a ocurrir un terremoto. La noticia es que existe una zona de la República Dominicana donde la naturaleza lleva décadas guardando silencio. Y, para los científicos, ese silencio también habla.
Cuando la tierra tiembla en Haití o Puerto Rico, muchos dominicanos observan el fenómeno como si ocurriera lejos de su realidad. Sin embargo, los movimientos sísmicos registrados durante los últimos años han vuelto a dirigir la mirada hacia un tramo del territorio nacional que permanece sin una gran ruptura desde hace varias décadas.
Ese segmento, ubicado entre el canal de la Mona y la zona de Barahona, forma parte del complejo sistema de fallas que atraviesa la isla de La Española. Aunque no ha generado un terremoto de gran magnitud en tiempos recientes, los especialistas explican que eso no significa que la amenaza haya desaparecido.
Al contrario.
Mientras una falla permanece sin liberar parte de la energía acumulada, continúa siendo objeto de estudio por parte de la comunidad científica. No porque pueda saberse cuándo ocurrirá un terremoto, sino porque el comportamiento de estas estructuras geológicas permite identificar zonas con potencial de actividad sísmica.
Uno de los aspectos que más llama la atención es que las fallas no se rompen completamente en un solo evento. Liberan energía por segmentos. Un tramo puede producir un gran terremoto mientras otro permanece acumulando tensión durante décadas.
Eso explica por qué los terremotos ocurridos en Haití desde 2010 o el registrado en Puerto Rico en enero de 2020 no significan que toda la energía de la región haya sido liberada.
La gran limitación sigue siendo la misma.
La ciencia todavía no dispone de instrumentos capaces de medir cuánta energía permanece almacenada dentro de un segmento específico de una falla geológica. Esa es la razón por la que ningún experto serio puede anunciar la fecha, la hora o el lugar exacto donde ocurrirá un próximo gran terremoto.
Lo que sí puede hacerse es identificar las zonas donde existe un potencial geológico y fortalecer la preparación ciudadana.
Para provincias como Barahona, Azua, Peravia, San Cristóbal y el Gran Santo Domingo, la mejor respuesta no es el miedo, sino la prevención. La construcción segura, los planes familiares de emergencia, la educación y la cultura de gestión del riesgo continúan siendo las herramientas más eficaces frente a un fenómeno imposible de evitar.
Los terremotos seguirán ocurriendo porque forman parte de la dinámica natural del planeta. Lo que puede cambiar es la capacidad de una sociedad para enfrentarlos con información, preparación y decisiones responsables.
La pregunta del Observatorio
Si la ciencia reconoce que no puede predecir un terremoto, ¿estamos invirtiendo lo suficiente en educación sísmica, prevención y resiliencia para reducir el impacto cuando inevitablemente ocurra el próximo gran evento?