La fe también necesita una mente renovada

Creer en Dios no significa vivir sin dificultades; significa aprender a enfrentarlas con una mente renovada, oración y confianza.

¿Por qué algunas personas mantienen la esperanza en medio de las dificultades mientras otras se derrumban ante el primer problema? La diferencia no siempre está en cuánto creen, sino en cómo han aprendido a

esté ausente.

La fe madura aprende a reconocer su presencia también en los días normales.

En la espera.

En el silencio.

En la dificultad.

Y en la perseverancia.

La verdadera batalla también ocurre dentro de nosotros

Las circunstancias externas pueden ser difíciles, pero la manera en que las interpretamos puede aumentar o disminuir su impacto sobre nosotros.

Por eso, cuidar la mente también forma parte de la vida espiritual.

La pregunta no es solamente: “¿Qué está pasando?”

También debemos preguntarnos:

“¿Qué estoy permitiendo que esta situación produzca dentro de mí?”

La fe no promete una vida sin problemas.

Promete una manera diferente de caminar en medio de ellos.

Y cuando la mente comienza a renovarse, la persona puede descubrir algo fundamental: la fortaleza no siempre llega cuando cambia la situación; muchas veces comienza cuando cambia la manera de enfrentarla.

Una reflexión final

Creer no significa nunca sentir miedo.

Creer significa no permitir que el miedo tenga la última palabra.

La fortaleza mental y la fe se encuentran cuando aprendemos a llevar nuestras preocupaciones a Dios, examinar nuestros pensamientos, alimentar nuestra mente con la verdad y permanecer firmes incluso cuando no vemos respuestas inmediatas.

Porque algunas de las transformaciones más profundas de Dios no ocurren delante de nuestros ojos.

Ocurren silenciosamente dentro de nosotros.