Cuando la crueldad llega a las redes sociales

Continuando con este caso de Nice B, nos hacemos muchas preguntas.
Pero hay una que me preocupa especialmente:

¿En qué momento comenzamos a perder la sensibilidad frente a la violencia?


Estamos viendo en las redes sociales imágenes de una crueldad que antes nos habría dejado sin palabras. Ahora aparecen, se comparten, se comentan y, en algunos casos, hasta se consumen como si fueran un contenido más.
Eso es peligroso.
Porque cuando una sociedad comienza a ver la violencia extrema como algo normal, poco a poco puede perder la capacidad de sorprenderse ante el sufrimiento de otra persona.
Y aquí quiero hacer una aclaración.


No podemos decir que una conducta criminal pertenece a todos los haitianos, ni atribuir un crimen a una nacionalidad completa. Un delito lo comete una persona o un grupo de personas, no un pueblo entero.
Tampoco podemos utilizar el vudú, una religión o una tradición cultural como explicación automática de un crimen sin una investigación que demuestre esa relación.


Lo que sí debemos investigar es si determinados métodos de violencia se han repetido en diferentes hechos, dónde han ocurrido, quiénes los han cometido y qué elementos tienen en común.
Ahí es donde entra la investigación.
No se trata de señalar por señalar.


Se trata de identificar patrones, comprobar información y entender cómo ocurren determinados hechos violentos.
Porque si un mismo método aparece en diferentes investigaciones, eso merece ser analizado por las autoridades y por los investigadores.
Pero una cosa es encontrar un patrón y otra muy diferente es culpar a toda una comunidad.
Las redes sociales nos han puesto la violencia delante de los ojos.
Ahora nos toca decidir qué hacemos con lo que vemos.
¿Lo compartimos?
¿Lo convertimos en entretenimiento?
¿Lo utilizamos para alimentar el odio?
¿O nos detenemos y decimos: esto es demasiado grave, aquí hay una vida humana y esto debe ser investigado?
Yo me quedo con esta última.
No podemos acostumbrarnos a la crueldad.
Que un video tenga miles de reproducciones no significa que debamos perder nuestra sensibilidad.
Al contrario.
Quizás hoy, más que nunca, necesitamos volver a mirar al ser humano que está detrás de cada víctima.
Porque investigar un crimen es importante.
Pero no perder nuestra humanidad también lo es.