Escuelas vulnerables: la deuda pendiente frente al riesgo sísmico

Las declaraciones del geólogo Osiris de León reabren el debate sobre la seguridad de cientos de planteles construidos hace décadas y la urgencia de reforzar la infraestructura escolar en un país expuesto a los terremotos.

Cada mañana, miles de padres despiden a sus hijos en la puerta de una escuela convencidos de que regresarán a casa sanos y salvos. Pero esa tranquilidad depende de algo que muchas veces pasa desapercibido: la fortaleza de las paredes, columnas y cimientos del centro educativo donde estudian.

Las recientes declaraciones del geólogo Osiris de León volvieron a colocar sobre la mesa un tema que rara vez ocupa titulares, pero que debería formar parte de la conversación nacional: la vulnerabilidad de numerosas escuelas dominicanas frente a un eventual terremoto.
Durante una entrevista, el especialista explicó que la responsabilidad de evaluar e intervenir los planteles escolares ahora recae en la Dirección de Infraestructuras Escolares, una entidad creada para agilizar las inspecciones y ejecutar reparaciones mediante procesos de contratación más rápidos.
Según explicó, cuando se detecta una falla estructural, ya sea a través de reportes antiguos o nuevas inspecciones, se inicia el proceso para intervenir el centro educativo. Además, los trabajos suelen concentrarse durante los períodos de vacaciones para evitar afectar el calendario escolar.
Sin embargo, el propio experto reconoce que el desafío sigue siendo enorme.
Muchas escuelas, especialmente en el Valle del Cibao, fueron construidas bajo un mismo modelo arquitectónico y sobre suelos con características que pueden amplificar los efectos de un sismo. Esa realidad convierte la evaluación estructural en una prioridad, no solo para proteger edificios, sino también la vida de miles de estudiantes, docentes y personal administrativo.
La advertencia no significa que esas escuelas estén en riesgo de colapso inmediato. Lo que plantea es la necesidad de actuar antes de que ocurra una emergencia, reforzando las edificaciones que presentan debilidades y priorizando las zonas con mayor exposición sísmica.
República Dominicana se encuentra en una región de alta actividad tectónica. Aunque los grandes terremotos no son frecuentes, la historia demuestra que el riesgo existe y que la preparación resulta mucho menos costosa que enfrentar las consecuencias de una tragedia.
Más allá de la construcción de nuevas escuelas, el verdadero reto consiste en garantizar que las ya existentes ofrezcan condiciones seguras para quienes pasan gran parte de su día dentro de ellas.


La seguridad escolar no debería medirse únicamente por la cantidad de aulas construidas, sino por la confianza de saber que cada estudiante recibe clases en un edificio preparado para resistir los desafíos de la naturaleza. Las declaraciones de Osiris de León recuerdan que la prevención sigue siendo la mejor inversión cuando se trata de proteger vidas.