¿La DGII va a “cazar” a los pequeños negocios?

Entre rumores, miedo y desinformación, la factura electrónica se ha convertido en otro tema que ya se comenta en los carros públicos y los colmados.

En estos días he escuchado algo que se repite demasiado.

Que la DGII “va a cazar a la población”.

Que los chiperos tendrán que usar una máquina obligatoria.

Y que ahora todos pagarán un 30 % de lo que ganen.

Cuando un mismo rumor se repite en tantos lugares distintos, uno como periodista tiene que detenerse y preguntar: ¿de dónde está saliendo todo esto?

Porque una cosa es lo que se dice en la calle… y otra lo que realmente establece la ley.

Lo que realmente está pasando

La llamada factura electrónica no es un nuevo impuesto.

Tampoco significa que el Estado esté creando una nueva carga del 30 % para los pequeños negocios.

Lo que se está implementando en República Dominicana es un cambio en la forma de registrar las ventas y facturar, bajo un proceso gradual establecido por la Ley 32-23.

Pero en la calle se entiende diferente

El problema no siempre es la ley.

El problema es cómo llega la información a la gente.

En los barrios, lo que se escucha no es “modernización tributaria”.

Lo que se escucha es:

—“Ahora van a saber todo lo que tú vendes.”

—“Ahora no se va a poder vender sin control.”

—“Eso es para cobrar más impuestos.”

Y ahí es donde empieza la confusión.

¿Todos tendrán que comprar máquinas de la DGII?

No.

La implementación no funciona como una sola máquina obligatoria para todo el mundo.

Es un proceso progresivo y depende del tipo de contribuyente y de las herramientas autorizadas para facturar electrónicamente.

¿Y el 30 %?

Ese es uno de los rumores más fuertes.

Pero no corresponde a la factura electrónica.

No existe una disposición general que diga que todos los negocios pagarán un 30 % de sus ganancias por este proceso.

Los impuestos dependen del régimen tributario de cada persona o negocio, no del sistema de facturación.

Lo que sí cambia

Lo que sí cambia es el nivel de control y registro de las operaciones.

Eso puede generar dos lecturas en la calle:

  • Para algunos, más transparencia.
  • Para otros, más presión.

Y ambas percepciones existen al mismo tiempo.

Lo que me deja todo esto

Cuando un tema fiscal empieza a sonar en la calle más rápido que en los comunicados oficiales, casi siempre hay un vacío de información.

Y ese vacío lo llenan los rumores.

La pregunta real no es solo qué dice la ley.

La pregunta es:

¿por qué la gente siente que le están escondiendo algo cada vez que se habla de impuestos?

Ahí es donde debería estar el debate.