Una investigación puede tener una buena pista y, aun así, llegar a un lugar donde ya no puede avanzar. Reconocer ese momento también forma parte de investigar.
La pista estaba ahí. Se siguió. Se llegó al lugar. Pero, de repente, ya no había forma de saber qué había ocurrido después. Ese momento puede cambiar el rumbo de una investigación.
Hablando en la clase pasada con una de las estudiantes que levantó la mano, específicamente Carolina, que es muy, muy, muy activa porque estudia periodismo, me preguntó sobre qué es el punto muerto en una investigación.
La pregunta me pareció importante porque detrás de esas dos palabras hay algo que abogados, periodistas, fiscales e investigadores conocen muy bien: una investigación no siempre avanza en línea recta.
Yo le decía que un punto muerto es cuando tú llegas a una pista, la sigues, pero ya no puedes avanzar más.
Así de sencillo.
Pero cuando llevamos esa definición a una investigación real, el concepto adquiere otra dimensión.
Una fuente puede proporcionar un dato. El investigador lo registra. Se analiza. Se intenta corroborar. Se llega al lugar señalado. Se busca a la persona mencionada. Se revisan fuentes abiertas.
Y de repente aparece un obstáculo.
El lugar está cerrado.
La persona ya no está.
La fuente desaparece.
El dato no puede ser corroborado.
Falta una pieza fundamental.
O simplemente no existe, en ese momento, una vía legítima y verificable para continuar.
Ahí podemos estar frente a un punto muerto de una línea investigativa.
El ejemplo que le puse a Carolina
Durante la conversación con Carolina utilicé un ejemplo hipotético de vigilancia.
Supongamos que investigadores de una agencia que vamos a llamar agencia X realizan vigilancia sobre un objetivo.
Existen cámaras instaladas en diferentes puntos de la propiedad.
Los investigadores pueden observar los movimientos del objetivo y, hasta ese momento, la vigilancia parece funcionar.
Pero ocurre algo.
El objetivo se desplaza hacia otra zona de la propiedad y entra en la cochera.
Y allí aparece el problema.
En ese punto no existe cobertura de cámara.
Los investigadores saben que el objetivo entró.
Pero no pueden saber qué ocurrió dentro de la cochera.
¿Qué estaba haciendo?
¿Buscaba algo?
¿Guardaba algo?
¿Sacaba algo?
¿Se reunió con otra persona?
¿O simplemente entró por una razón completamente ajena a la investigación?
No lo sabemos.
Y precisamente porque no lo sabemos, no podemos convertir una posibilidad en un hecho.
Aquí tenemos un vacío de información.
Si ese vacío impide continuar una determinada línea investigativa, podemos encontrarnos ante un punto muerto.
Y aquí aparece algo que considero fundamental para quienes trabajan con información:
Un vacío de información no debe llenarse con imaginación. Debe identificarse, documentarse y, cuando sea posible, buscarse otra vía de corroboración.
información.
¿Quién lo dijo?
¿Cuándo?
¿Dónde?
¿Qué dijo exactamente?
¿Qué observó personalmente?
¿Qué recibió de terceros?
¿Qué intentamos comprobar?
¿Qué pudimos confirmar?
¿Dónde se detuvo la línea?
Eso es trazabilidad.
El punto ciego y el punto muerto no son exactamente lo mismo
Aquí hago una precisión importante.
La ausencia de información en un determinado lugar puede ser un punto ciego o un vacío de información.
Cuando ese vacío impide continuar una línea investigativa, puede convertirse en un punto muerto.
Por eso no debemos utilizar ambos conceptos como si fueran exactamente iguales.
En el ejemplo de la cochera, el problema inicial es el vacío de observación.
La consecuencia investigativa puede ser que esa línea quede detenida.
Ahí tenemos el punto muerto.
Esta diferencia puede parecer pequeña, pero para un abogado, un fiscal, un periodista o un investigador tiene importancia.
Porque una cosa es decir:
“No pudimos observar qué ocurrió.”
Y otra muy diferente sería afirmar:
“Sabemos qué ocurrió.”
La primera es una constatación de una limitación.
La segunda necesita evidencia.
Y aquí aparece ORS5RATT
Cuando aplicamos ORS5RATT, el punto muerto no desaparece del análisis.
Al contrario.
Se documenta.
Recopilar: ¿qué información recibimos?
Analizar: ¿qué significa realmente?
Trazar: ¿de dónde salió el dato?
Verificar: ¿qué parte pudo ser corroborada?
Transformar: ¿cómo convertimos esa información en un producto comprensible y útil?
Si después de ese proceso no podemos avanzar, no debemos esconderlo.
Lo registramos:
Punto muerto de la línea investigativa.
Eso permite conservar la memoria de la investigación.
Y aquí hay algo que considero muy importante para un Observatorio.
Una investigación no solamente debe registrar los resultados positivos.
También debe registrar las limitaciones encontradas durante el proceso.
¿Y dónde entra el MOITT?
Cuando aplicamos la lógica del MOITT, el punto muerto puede mostrarnos exactamente qué pieza falta para reconstruir el caso.
Por ejemplo:
Posible víctima: identificada.
Lugar: identificado.
Hecho: parcialmente establecido.
Persona relacionada: identificada.
Relación entre la persona y la posible víctima: no corroborada.
Aquí tenemos un vacío.
Y ese vacío puede convertirse en una nueva línea de investigación.
No podemos saltar directamente desde:
“La persona estaba allí”
hasta:
“La persona era responsable.”
Entre una afirmación y otra debe existir evidencia suficiente.
El MOITT nos obliga a mirar el fenómeno de manera estructurada: víctima, hecho, lugar, posibles responsables, mecanismo, relaciones, beneficio y evidencia.
Cuando una de esas piezas no puede ser reconstruida, debemos preguntarnos por qué.
Y si no podemos continuar, registramos el punto muerto.
Las 5W también nos muestran dónde está el vacío
Para un periodista, las preguntas son conocidas:
¿Quién?
¿Qué?
¿Dónde?
¿Cuándo?
¿Por qué?
Y agregamos:
¿Cómo?
Ahora imaginemos que tenemos cuatro respuestas.
Sabemos quién.
Sabemos dónde.
Sabemos cuándo.
Sabemos qué ocurrió aparentemente.
Pero no sabemos cómo ocurrió.
Ahí tenemos una pregunta abierta.
Y una pregunta abierta puede convertirse en una línea de investigación.
Lo mismo ocurre si conocemos el hecho, pero no conocemos quién se benefició.
O conocemos el lugar, pero no podemos establecer la relación entre las personas.
La ausencia de una respuesta no autoriza a inventarla.
Nos indica que debemos seguir investigando.
El investigador tiene que aprender a decir “todavía no lo sé”
Esta puede ser una de las lecciones más difíciles.
En investigación hay que aprender a decir:
“Todavía no lo sé.”
Todavía no está corroborado.
Todavía no tenemos evidencia suficiente.
Todavía no podemos establecer esa relación.
Todavía no podemos determinar qué ocurrió.
Eso no debilita una investigación.
La fortalece.
Porque permite separar tres cosas que muchas veces terminan mezclándose:
lo que alguien dijo,
lo que nosotros creemos que significa,
y lo que realmente podemos demostrar.
Por ejemplo, si un activo manifiesta:
“Ese hombre controla a esos adolescentes.”
No debemos transformar automáticamente esa expresión en un hecho.
Tenemos que preguntar:
¿Qué significa “controla”?
¿Lo observó personalmente?
¿En qué momento?
¿Durante cuánto tiempo?
¿Qué conducta concreta observó?
¿Existe alguna evidencia independiente?
Si no podemos establecerlo, la redacción correcta sería:
La fuente manifestó que, según su apreciación, el individuo tendría algún tipo de control o influencia sobre los adolescentes. Esta información permanece pendiente de corroboración.
Eso es mucho más sólido que convertir una percepción en una conclusión.