Una investigación no siempre termina en las fuentes abiertas. A veces comienza cuando el investigador llega al lugar y observa la realidad directamente.
Hay cosas que no aparecen en Google, en una red social ni en un documento. Hay que salir a buscarlas al campo.
Investigar también significa salir del escritorio
Algo de lo que nosotros, como Fundación y como Observatorio, estamos orgullosos es de que aplicamos lo que se conoce como trabajo de campo.
Y quiero explicar esto porque muchas veces se piensa que investigar es solamente buscar información en Internet, revisar periódicos, consultar redes sociales o recibir información de una fuente.
Las fuentes abiertas son importantes. Nosotros las utilizamos.
Pero hay investigaciones que requieren algo más.
Requieren llegar al lugar donde están ocurriendo los hechos, observar directamente el entorno, conocer su dinámica y documentar aquello que posteriormente tendrá que ser contrastado.
Eso es trabajo de campo.
Cuando hacemos nuestro mapeo territorial, no nos quedamos solamente con la información que recibimos desde fuera. Nos trasladamos a la zona que estamos investigando y, cuando las condiciones de seguridad y la naturaleza del trabajo lo permiten, permanecemos allí durante el tiempo necesario para realizar la observación.
En zonas turísticas como Boca Chica hemos desarrollado jornadas de varios días para conocer directamente la dinámica del territorio.
Salimos.
Observamos.
Escuchamos.
Registramos.
Y después regresamos a analizar la información.
Porque una cosa es lo que alguien nos cuenta y otra es lo que podemos observar directamente.
El territorio también es una fuente de información
El trabajo de campo permite al investigador aproximarse al fenómeno dentro de su propio contexto.
Para nosotros, esto tiene una importancia especial cuando trabajamos sobre fenómenos relacionados con la trata de personas, explotación y otras formas de vulnerabilidad.
Una fuente puede proporcionar una información inicial.
Las fuentes abiertas pueden aportar antecedentes.
Los registros públicos pueden ofrecer datos.
Pero el territorio permite observar cómo se comporta una realidad determinada.
Y esa observación puede confirmar una hipótesis, modificarla o incluso demostrar que la información inicial no era correcta.
Por eso el investigador no debe salir al campo buscando confirmar aquello que ya cree.
Debe salir dispuesto a comprobar qué está ocurriendo realmente.
De la observación a la bitácora
Cuando realizamos trabajo de campo, la información no queda simplemente en nuestra memoria.
Se documenta.
La bitácora permite registrar fechas, lugares, horarios, observaciones, testimonios y otros elementos relevantes para posteriormente reconstruir el proceso investigativo.
Pero también nos permite establecer una diferencia fundamental:
qué vimos nosotros, qué nos dijo una fuente y qué todavía no hemos podido corroborar.
Esa diferencia es esencial.
No es lo mismo decir:
“En ese lugar existe trata de personas”.
que escribir:
“Durante la observación territorial se identificaron determinadas situaciones que podrían constituir indicadores de vulnerabilidad o explotación. La información requiere corroboración mediante otras fuentes”.
La segunda formulación es más responsable porque no convierte automáticamente una sospecha en un hecho probado.
Cuando la realidad genera preocupación
En nuestras experiencias de trabajo territorial en Boca Chica, Pedernales, Fiuza y otros lugares que hemos mapeado, hemos encontrado realidades que nos han preocupado profundamente.
Hemos observado niñas, adolescentes y mujeres adultas en contextos que pueden representar situaciones de vulnerabilidad.
Esas observaciones pueden generar preguntas importantes para una investigación.
Pero hay una regla que no debemos olvidar:
observar una situación no significa automáticamente haber probado un delito.
La investigación debe determinar qué está ocurriendo, cuáles son las circunstancias, quiénes participan y si existen elementos que puedan constituir una conducta delictiva.
Eso requiere corroboración.
Por eso el trabajo de campo no sustituye la investigación.
El trabajo de campo y las fuentes abiertas
Aquí aparece una diferencia importante.
No se trata de escoger entre trabajo de campo y fuentes abiertas.
Se trata de combinar las herramientas adecuadas.
Una investigación puede comenzar con una información recibida de una fuente.
Después puede pasar por OSINT para buscar antecedentes y verificar información pública.
Puede incorporar entrevistas, análisis territorial y otras fuentes de información.
Y finalmente puede regresar al terreno para contrastar aquello que estamos investigando.
La fuerza está en la combinación.
La información que procede de diferentes fuentes puede ser comparada para identificar coincidencias, contradicciones y elementos que requieren una investigación más profunda.
Lo que nos enseña la investigación internacional
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) utiliza información procedente de diferentes fuentes para sus análisis sobre trata de personas, incluyendo información oficial proporcionada por los Estados y fuentes disponibles públicamente.
Esto demuestra algo importante: ninguna fuente por sí sola necesariamente representa toda la realidad de un fenómeno complejo.
En materia de trata, además, hay que tener especial cuidado con las estadísticas.
Las personas detectadas o identificadas por las autoridades representan casos conocidos por los sistemas de detección. Eso no significa necesariamente que representen la totalidad de las personas afectadas.
Por eso el trabajo territorial, la investigación documental y el análisis de diferentes fuentes pueden aportar elementos para comprender mejor un fenómeno que muchas veces permanece oculto.
ORS5-RATT: del territorio al informe
En nuestro caso, integramos el trabajo de campo dentro de nuestro enfoque ORS5-RATT.
Primero recopilamos la información.
Después la analizamos.
Luego buscamos trazar relaciones entre lugares, fechas, personas, hechos y patrones.
Integramos las diferentes fuentes que correspondan mediante OSINT, HUMINT, SIGINT, GEOINT y CYBINT.
Y finalmente transformamos la información analizada en un producto investigativo documentado.
El trabajo de campo ocupa una posición importante dentro de ese proceso porque permite contrastar la información obtenida desde otras fuentes con la realidad territorial.
Las 5W también están en el terreno
Cuando llegamos a un lugar debemos hacernos las preguntas fundamentales:
¿Qué está ocurriendo?
¿Quiénes aparecen relacionados?
¿Dónde ocurre?
¿Cuándo ocurre?
¿Por qué podría estar ocurriendo?
Pero nosotros agregamos una pregunta más:
¿Cómo sabemos lo que estamos afirmando?
Esa última pregunta obliga al investigador a regresar a sus fuentes, a su bitácora y a sus evidencias.
Porque una investigación seria necesita trazabilidad.
El investigador también debe saber cuándo no puede afirmar algo
Esta es una de las mayores responsabilidades del trabajo de campo.
Si observamos algo que nos preocupa, lo documentamos.
Si una fuente nos proporciona información, la registramos.
Si encontramos un dato que puede ser relevante, lo contrastamos.
Pero si todavía no podemos comprobarlo, debemos decirlo.
Eso no debilita una investigación.
Al contrario.
La hace más creíble.
Un investigador responsable no tiene que demostrar que su primera hipótesis era correcta.
Tiene que descubrir qué dicen realmente los datos.
Una recomendación para estudiantes y profesionales
Conclusión: el territorio habla
Cuando uno sale de noche, recorre una zona turística, observa sus calles, conversa con personas y empieza a identificar dinámicas que no aparecen en una noticia o en una publicación de redes sociales, comprende que investigar es mucho más que recopilar información.
Es entrar en contacto con una realidad.
En nuestro trabajo hemos conocido escenarios que nos producen preocupación, tristeza e indignación.
Pero también hemos aprendido algo fundamental:
la emoción del investigador nunca puede sustituir la evidencia.
Podemos sentir lo que vemos.
Podemos preocuparnos por lo que encontramos.
Pero nuestro deber es documentarlo.
Por eso hacemos bitácoras.
Por eso aplicamos ORS5-RATT.
Por eso contrastamos fuentes.
Y por eso, cuando corresponde, elaboramos un informe y ponemos la información en conocimiento de la autoridad competente.
Porque el territorio habla.
El investigador tiene que saber escuchar.
Y después tiene que demostrar, con método, documentación y trazabilidad, qué fue lo que realmente encontró.
Eso es trabajo de campo.
Y para nosotros, también es una forma de investigar con los pies en la realidad.
Observatorio Fundación RATT Dominicana