Siempre quise entender por qué ocurren los terremotos. La reciente tragedia en Venezuela me llevó a mirar la historia sísmica de la República Dominicana y a hacerme una pregunta inevitable: ¿estamos realmente preparados?
Hay preguntas que uno guarda durante años sin encontrarles respuesta. La mía apareció cada vez que escuchaba hablar de un terremoto. ¿Por qué tiembla la tierra? ¿Por qué algunos países parecen vivir con esa amenaza permanente?
Volví a hacerme esas preguntas después de ver las imágenes del reciente terremoto en Venezuela. Mientras observaba edificios dañados, familias buscando a sus seres queridos y comunidades intentando volver a levantarse, no pude evitar pensar en nuestro país.
Entonces decidí buscar respuestas.
Cuando la curiosidad también enseña
Lo primero que descubrí fue que los terremotos no son una amenaza lejana para los dominicanos. Han formado parte de nuestra historia desde hace siglos.
En 1562, un poderoso sismo destruyó gran parte de Santiago y La Vega. En 1842, otro terremoto golpeó con fuerza la región norte, dejando una profunda huella en la isla. Décadas después, en 1946, el noreste de la República Dominicana sufrió el terremoto más fuerte registrado en la historia moderna del país. El movimiento provocó un tsunami que cambió la vida de cientos de familias.
Fue entonces cuando comprendí que la pregunta no era por qué la tierra tiembla ahora. La verdadera pregunta era por qué olvidamos que siempre lo ha hecho.
Lo que ocurre bajo nuestros pies
La explicación está en el lugar donde vivimos.
La República Dominicana se encuentra entre la placa del Caribe y la placa de Norteamérica. Esas enormes masas de roca se desplazan lentamente y acumulan energía durante años. Cuando esa energía se libera, la tierra tiembla.
No podemos evitar que ocurra.
Pero sí podemos prepararnos.
Un país que crece hacia arriba
Mientras investigaba, otra idea comenzó a dar vueltas en mi cabeza.
Hace apenas unas décadas, el paisaje dominicano estaba dominado por viviendas de uno o dos niveles. Hoy nuestras ciudades crecen hacia el cielo. Cada vez se construyen más torres de apartamentos, edificios comerciales y proyectos de gran altura.
Ese crecimiento representa desarrollo, pero también una enorme responsabilidad.
Cada edificio debe levantarse pensando no solo en el presente, sino en el día en que la tierra vuelva a moverse.
La seguridad no depende únicamente de la naturaleza. También depende de cómo construimos, de las normas que se cumplen, de la supervisión de las autoridades y de la cultura de prevención que exista entre los ciudadanos.
La prevención también salva vidas
Muchas veces solo hablamos de terremotos cuando ocurre una tragedia en otro país. Después pasan los días, las noticias cambian y volvemos a nuestra rutina.
Sin embargo, la historia demuestra que la República Dominicana también ha sentido la fuerza de la tierra y volverá a sentirla algún día. No sabemos cuándo será. Lo que sí sabemos es que la prevención nunca sobra.
Conocer las rutas de evacuación, participar en simulacros, exigir construcciones seguras y educar a nuestros hijos sobre cómo actuar durante un sismo son acciones sencillas que pueden marcar una enorme diferencia.
Cierre memorable
Después de leer sobre los grandes terremotos que han marcado nuestra historia entendí que el verdadero peligro no está en vivir sobre una tierra que tiembla. El verdadero riesgo es olvidar que vivimos sobre ella.
La naturaleza seguirá escribiendo su propia historia bajo nuestros pies. La pregunta es si nosotros aprenderemos de la nuestra antes de que vuelva a recordarnos, con un nuevo temblor, que la prevención siempre será la mejor decisión.