Observatorio RATT Dominicana: La historia que nunca salió de la Operación Flor de Loto

Lo que viví durante la Operación Flor de Loto me dejó una reflexión incómoda: a veces lo más importante no es el rescate, sino lo que ocurre cuando todo termina y las víctimas quedan fuera del foco público.

Recuerdo ese momento con claridad.

Cuando comenzó a circular la información de la Operación Flor de Loto, el país ya hablaba de un gran operativo en Santiago, del rescate de decenas de mujeres extranjeras y del desmantelamiento de una red de explotación sexual.

Pero mientras los titulares se enfocaban en el impacto del operativo, yo estaba pensando en algo completamente distinto.

En las víctimas después del rescate.

En el silencio que viene cuando las cámaras se apagan.

Y en lo difícil que puede ser acompañar lo que nadie ve.

Lo que intentamos hacer como Observatorio

Desde el Observatorio RATT Dominicana entendimos desde el primer momento que este no era solo un caso judicial.

Era una realidad humana en desarrollo.

Por eso intentamos acercarnos a las víctimas rescatadas.

No para interferir en el proceso.

No para cuestionar la investigación.

Sino para algo más básico y necesario: cooperación.

Sabíamos que había mujeres en condición de extrema vulnerabilidad.

Y sabíamos también que desde la red internacional de RATT en Colombia y Venezuela existía disposición real para apoyar su proceso de recuperación y acompañamiento.

El silencio que no esperábamos

Hicimos solicitudes formales.

Buscamos espacios de diálogo.

Pedimos reuniones.

Insistimos en poder colaborar desde nuestra experiencia.

Pero el acceso no llegó.

Y ese momento deja una sensación difícil de explicar.

No es enojo.

Es una mezcla de frustración y preocupación.

Porque cuando trabajas en estos temas, entiendes que la coordinación no debería ser una excepción, sino una regla.

Cuando la historia salió a la luz pública

Ante la falta de respuesta, decidimos expresar públicamente nuestra preocupación.

No desde el conflicto.

Sino desde el derecho que tenemos como sociedad civil de participar en la protección de las víctimas.

Nuestra posición fue clara:

la lucha contra la trata de personas no puede ser un esfuerzo aislado.

Debe ser una acción conjunta entre el Estado, las autoridades judiciales, y las organizaciones especializadas.

El tema no tardó en generar reacción.

Diversas organizaciones y coaliciones expresaron su respaldo.

Y la prensa nacional comenzó a reflejar el debate.

Medios como Listín Diario, El Nuevo Diario y El Nacional recogieron la discusión que se estaba generando alrededor del caso y del rol de la sociedad civil en la atención a víctimas

Reconocer lo que sí se hizo bien

Sería injusto no reconocer el trabajo realizado en la Operación Flor de Loto.

El esfuerzo de las autoridades permitió el rescate de decenas de mujeres en situación de vulnerabilidad.

Y en particular, el trabajo de la Fiscalía de Santiago y de la unidad especializada fue clave en el desarrollo del operativo.

Pero reconocer los avances no significa ignorar los vacíos.

Y en este caso, el vacío estaba en el acompañamiento posterior.

La pregunta que quedó en el aire

Hoy, cuando vuelvo a pensar en este caso, la pregunta sigue siendo la misma:

¿Qué ocurre con las víctimas después del rescate?

Porque el operativo termina.

Los titulares desaparecen.

Las noticias se olvidan.

Pero las personas siguen ahí.

Y es ahí donde el sistema debe ser más fuerte.

La Operación Flor de Loto no solo dejó un caso judicial importante.
Dejó también una lección silenciosa.
Que la lucha contra la trata de personas no se mide solo por los operativos que se realizan.
Sino por la capacidad que tenemos como sociedad de acompañar a las víctimas después.
Y esa parte, casi siempre, es la que menos se cuenta.
En este proceso no estuve solo.
Me acompañó la Dra. Doris Nouel, coordinadora hemisférica de la RATT Internacional, quien desde su experiencia aportó visión y compromiso en los intentos de articulación para el acompañamiento a las víctimas.
También estuvo presente la Lcda. Yahira Sánchez, directora de Relaciones Públicas de la RATT Dominicana, apoyando los esfuerzos de comunicación y gestión institucional en medio de un proceso sensible y complejo.
Ese respaldo humano e institucional, aunque muchas veces no aparece en los titulares, forma parte de la historia que sí merece ser recordada.
Porque en la lucha contra la trata de personas, lo que no se ve también importa.