Buscaba respuestas sobre cómo enfrentar a las redes de tratantes. Nunca imaginé que saldría con una invitación para participar en una investigación de alto impacto.
Fui a una cumbre mundial buscando aprender métodos para combatir la trata de personas. Salí con algo que nunca imaginé: una invitación para participar en una investigación entre Haití y República Dominicana que cambiaría mi forma de entender este crimen.
Nunca imaginé que aquella conversación duraría apenas unos minutos y terminaría marcando una etapa importante de mi vida como activista contra la trata de personas.
Durante una cumbre mundial celebrada en la Universidad Rey Juan Carlos, en España, tuve la oportunidad de conocer a Tim Ballard gracias a un amigo en común, Fernando Mao. Mi intención era sencilla: aprovechar esos minutos para preguntarle cómo investigaba a las organizaciones criminales dedicadas a la trata de personas, qué tácticas utilizaba y qué experiencias podían servir para fortalecer nuestro trabajo en República Dominicana.
Pensé que recibiría algunos consejos. Sin embargo, ocurrió algo que jamás esperaba.
Después de escuchar mi trabajo y mi interés en combatir este delito, me habló de una investigación que se preparaba entre Haití y República Dominicana, con énfasis en varias zonas costeras. Entonces me hizo una propuesta inesperada: formar parte de ese esfuerzo.