El día que Venezuela quedó en silencio

Del estruendo al silencio, el devastador terremoto dejó familias destrozadas, ciudades marcadas por el dolor y una ola de solidaridad que comienza a cruzar fronteras mientras continúa la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros.

Hay tragedias que no solo destruyen edificios; también dejan cicatrices en la memoria de un pueblo. El terremoto que sacudió a Venezuela no será recordado únicamente por la fuerza de la naturaleza, sino por el silencio que llegó después de los gritos y por la esperanza de quienes aún esperan encontrar con vida a sus seres

queridos.Hay tragedias que no solo destruyen edificios; también dejan cicatrices en la memoria de un pueblo. El terremoto que sacudió a Venezuela no será recordado únicamente por la fuerza de la naturaleza, sino por el silencio que llegó después de los gritos y por la esperanza de quienes aún esperan encontrar con vida a sus seres queridos.

El devastador terremoto que sacudió a Venezuela ha dejado un dolor que permanecerá para siempre en el recuerdo, no solo de los venezolanos, sino también del mundo entero.

Mientras observaba las imágenes, no pude evitar recordar el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, por donde ingresé a ese hermoso país hace algunos años. Hoy, ese mismo lugar se convirtió en uno de los escenarios que reflejan la magnitud de una tragedia que nadie imaginó vivir.

Uno de los videos grabados por un testigo desde las inmediaciones del aeropuerto muestra los primeros segundos del desastre. Aunque la grabación no alcanza a mostrar a todas las personas corriendo, otros sobrevivientes describen escenas de desesperación, gritos de auxilio y familias buscando a sus seres queridos entre el polvo y los escombros.

Todo comenzó con una fuerte vibración. En apenas unos segundos, edificios colapsaron como si fueran parte de una película de Hollywood. El miedo se apoderó de las calles y miles de personas salieron de sus hogares sin saber qué estaba ocurriendo ni qué podía suceder después.

Con el paso de las horas, el silencio comenzó a reemplazar los gritos. Un silencio pesado, lleno de incertidumbre, mientras los equipos de rescate trabajan sin descanso para localizar sobrevivientes.

La diáspora venezolana en la República Dominicana ya ha comenzado a organizarse para brindar ayuda a su país. A través de diferentes iniciativas, buscan enviar alimentos, medicinas y cualquier apoyo que pueda aliviar el sufrimiento de quienes hoy lo han perdido casi todo.

Al mismo tiempo, diversas voces hacen un llamado al Gobierno de los Estados Unidos, encabezado por el presidente Donald Trump, y a la comunidad internacional para que envíen equipos especializados de búsqueda y rescate, incluyendo unidades caninas entrenadas para localizar personas atrapadas bajo los escombros. En tragedias de esta magnitud, cada minuto puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Las cifras de víctimas continúan aumentando mientras avanzan las labores de rescate. Detrás de cada número hay una historia, una familia rota y un sueño que quedó sepultado.

Hoy Venezuela necesita más que condolencias. Necesita solidaridad, apoyo internacional y oración. Porque cuando la tierra deja de temblar, comienza otra batalla: la de reconstruir ciudades, sanar corazones y devolver la esperanza a un pueblo que se resiste a rendirse.

Porque hay tragedias que el tiempo nunca logra borrar. Y esta será una de ellas.