La preparación no termina cuando deja de moverse el suelo: también debemos entrenar nuestra mente para enfrentar el miedo, la oscuridad y una posible emergencia.
A veces estoy en mi apartamento y me hago una pregunta que muchos evitamos pensar: si ahora mismo comienza un terremoto, ¿sabría realmente qué hacer?
No pienso solamente en los primeros segundos, cuando todo comienza a moverse y el miedo intenta controlar nuestras decisiones.
Pienso también en el escenario que nadie quiere imaginar:
¿Qué pasaría si un edificio colapsa y quedo atrapado entre escombros?
¿Podría mantener la calma?
¿Sabría cómo pedir ayuda?
¿Mi mente estaría preparada para enfrentar la oscuridad, el polvo, el silencio y la desesperación?
Esa reflexión no nace del miedo. Nace de una necesidad: prepararnos.
A veces estoy en mi apartamento y me hago una pregunta que muchos evitamos pensar:
Si ahora mismo comienza un terremoto, ¿sabría realmente qué hacer?
No pienso solamente en los primeros segundos, cuando todo comienza a moverse y el miedo intenta controlar nuestras decisiones.
Pienso también en un escenario más difícil:
¿Qué pasaría si un edificio colapsa y quedo atrapado entre escombros?
¿Podría mantener la calma?
¿Sabría cómo pedir ayuda?
¿Mi mente estaría preparada para enfrentar la oscuridad, el polvo, el silencio y la desesperación?
Esa reflexión no nace del miedo. Nace de una necesidad: prepararnos.
Cuando termina el movimiento comienza otra emergencia: controlar la mente
Los terremotos no solamente ponen a prueba las estructuras. También ponen a prueba la capacidad humana de reaccionar bajo presión.
Los equipos de rescate conocen bien esa realidad: una persona atrapada puede enfrentar miedo, ansiedad, sensación de encierro y desesperación.
En esos momentos, el primer desafío es evitar que el pánico tome el control.
Porque cuando una persona pierde la calma puede gastar energía innecesariamente, tomar decisiones impulsivas y aumentar los riesgos.
La preparación psicológica también forma parte de la supervivencia.
Si quedo atrapado bajo escombros: los primeros minutos son importantes
Los especialistas en rescate y protección civil recomiendan concentrarse en acciones básicas:
Mantener la calma y controlar la respiración
Respirar de manera lenta y consciente ayuda a reducir la ansiedad y conservar energía.
El objetivo no es salir desesperadamente en los primeros segundos; es mantenerse con vida mientras llega ayuda.
Proteger la boca y la nariz
Después de un colapso puede existir polvo, cemento u otras partículas en el ambiente.
Cubrir la nariz y la boca con una tela, ropa o cualquier material disponible puede ayudar a disminuir la inhalación de polvo.
Evitar gritar constantemente
La desesperación puede llevar a una persona a gritar sin parar buscando ser escuchada.
Pero los rescatistas recomiendan administrar la energía.
Es preferible hacer señales cuando sea posible:
utilizar un silbato;
golpear una estructura cercana de forma repetida;
llamar cuando se escuchen equipos de rescate.
Un silbato puede convertirse en una herramienta de supervivencia
Parece un objeto pequeño, pero puede tener un gran valor en una emergencia.
Una persona atrapada puede perder la voz o quedarse sin fuerzas para gritar durante mucho tiempo.
Un silbato permite generar una señal sonora utilizando menos energía.
Por eso muchos equipos de emergencia recomiendan incluirlo dentro de una mochila de preparación familiar.
También puede mantenerse en lugares accesibles como el vehículo o junto a otros elementos de emergencia.
Vivir en un apartamento cambia nuestra forma de prepararnos
Miles de dominicanos viven en edificios y apartamentos.
La pregunta no debe ser solamente:
“¿Qué hago cuando tiembla?”
También debemos preguntarnos:
“¿Estoy preparado para vivir una emergencia dentro de un edificio?”
Cada familia debería conocer:
cuáles zonas de su apartamento tienen menor riesgo;
dónde están las salidas;
dónde guardar documentos importantes;
dónde está la mochila de emergencia;
cómo comunicarse después de un terremoto.
La preparación comienza antes del desastre
.
El miedo a quedar atrapado: una realidad de la que debemos hablar
Pocas veces hablamos de lo que ocurre emocionalmente después de un colapso.
La oscuridad, el silencio y la incertidumbre pueden ser tan difíciles como la situación física.
Por eso los expertos insisten en algo fundamental:
La mente también debe entrenarse.
Una persona preparada puede recordar instrucciones básicas:
Respirar.
Pensar.
Ahorrar energía.
Buscar una forma segura de pedir ayuda.
¿Qué deben enseñar los padres a sus hijos?
La prevención sísmica no debe ser un tema solamente de adultos.
Los niños también deben aprender, de acuerdo con su edad, que ante una emergencia no deben correr sin dirección ni separarse de su familia.
Deben conocer:
dónde protegerse;
cómo pedir ayuda;
cuáles son los números de emergencia;
por qué es importante mantener la calma.
Reflexión del Observatorio Fundación RATT Dominicana
Vivir en un apartamento es una realidad para muchas familias.
Y aunque nadie quiere imaginar un escenario extremo, prepararse no significa vivir con miedo.
Significa valorar la vida.
Nuestros padres nos enseñaron consejos desde su experiencia. Hoy la ciencia y los equipos de emergencia nos permiten aprender nuevas formas de protegernos.
Porque un terremoto puede llegar mientras dormimos, mientras estamos solos o junto a nuestros seres queridos.
Y cuando llegue ese momento, no tendremos tiempo para buscar respuestas.
La respuesta debe estar preparada antes.
Porque en una emergencia, la primera persona que debe ayudarnos también somos nosotros mismos.