Observatorio Fundación RATT Dominicana | Nos estamos durmiendo ante el riesgo sísmico

Los recientes movimientos sísmicos son un recordatorio de que la prevención no puede durar solo el tiempo que una noticia permanece en las redes sociales.

¿Y si el próximo temblor nos encuentra igual de desprevenidos? Esa pregunta me ha acompañado durante los últimos días. No porque quiera sembrar miedo, sino porque siento que estamos olvidando demasiado rápido una realidad que siempre ha estado presente.

Santo Domingo.
Hace apenas unos días un sismo volvió a sentirse en varias zonas de República Dominicana. Durante unas horas todos hablaban del tema. Los teléfonos no dejaban de sonar, los grupos de WhatsApp se llenaron de mensajes y las redes sociales se preguntaban dónde había sido el epicentro.


Hoy, casi nadie habla de eso.


Y precisamente ahí nació este artículo.


No escribo estas líneas para alarmar a la población. Nadie puede decir cuándo ocurrirá un terremoto. Eso sería irresponsable.


Escribo porque siento que, como sociedad, nos estamos durmiendo ante un riesgo que nunca ha dejado de existir.


Los registros oficiales muestran que República Dominicana mantiene actividad sísmica frecuente debido a su ubicación geológica. Los movimientos recientes son una realidad documentada por las autoridades competentes y un recordatorio de que la prevención sigue siendo una tarea pendiente.


Pero más que los temblores, lo que me preocupa es nuestra forma de reaccionar.
O, mejor dicho, de dejar de reaccionar.
En estos días he conversado con amigos, vecinos y personas conocidas. Más de una vez escuché frases que, aunque muchos dicen riéndose, me dejaron pensando.

Uno me dijo:
«Eduardo, hay que disfrutar la vida. Si viene un terremoto, que me agarre comiendo y bebiendo… jajajaja.»
Otro, apenas mencioné el tema, respondió:
«Ahí vienes tú con tu pesimismo. Como quiera uno se va a morir. Suéltame con eso.»
Y cuando uno intenta hablar de prevención en la casa, muchas veces escucha a los propios hijos decir:
«Papi, déjame tranquilo con eso.»
Confieso que al principio también me reí.
Pero cuando llegué a mi casa me hice una pregunta que todavía no sale de mi cabeza.
¿Y si un día ese terremoto ocurre de verdad?
No pensé en edificios.


No pensé en carreteras.


Pensé en mi familia.


Pensé en nuestros hijos.


Y me pregunté si realmente sabrían qué hacer durante los primeros segundos de una emergencia.


Ahí comprendí que el problema no son los chistes.


El problema es que estamos confundiendo la prevención con el pesimismo.
Prepararse no significa vivir con miedo.
Prepararse significa amar tanto a nuestra familia que decidimos dedicar unos minutos para hablar de un tema que muchos prefieren evitar.
Nos preocupamos por trabajar.
Por pagar las cuentas.
Por arreglar el vehículo.
Por salir el fin de semana.
Y está bien.
La vida también es para disfrutarla.
Pero entre una salida y otra, entre una comida familiar y otra, ¿hemos dedicado cinco minutos para enseñarles a nuestros hijos qué hacer si la tierra comienza a temblar?
Creo que esa es la pregunta que todos deberíamos responder.
No hace falta esperar una campaña nacional.
No hace falta esperar otro susto.
La cultura de la prevención comienza dentro de nuestra casa.
Con una conversación.
Con un plan familiar.
Con un punto de encuentro.
Con la decisión de no dejar este tema para mañana.
Porque los terremotos no anuncian el día.
No esperan que termine una fiesta.
No preguntan si estamos preparados.
Simplemente ocurren.

En los últimos días, los movimientos sísmicos registrados en República Dominicana volvieron a recordarnos una realidad que muchas veces preferimos ignorar: vivimos en un territorio donde la tierra mantiene actividad y donde la prevención debe formar parte de nuestra cultura.

Desde el Observatorio Fundación RATT Dominicana hemos dado seguimiento a los reportes oficiales y a la información disponible sobre estos eventos, no para generar alarma, sino para llamar la atención sobre una pregunta importante: ¿estamos realmente preparados como sociedad?

La respuesta no solo involucra a las instituciones. Involucra a cada familia dominicana, a los padres, a los hijos, a las escuelas y a las comunidades, porque una emergencia sísmica puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar del país.

La preparación no debe comenzar cuando la tierra ya está temblando. Debe comenzar ahora, en nuestros hogares, enseñando a nuestros hijos cómo actuar, identificando lugares seguros y creando hábitos que permitan responder con calma ante una situación inesperada.

Porque el verdadero desafío no es solamente el movimiento de la tierra.

El verdadero desafío es que, cuando ocurra, no nos encuentre desprevenidos.