Durante años pasé por esa vía sin imaginar que llevaba el nombre de uno de los hombres que más contribuyó a fortalecer la identidad dominicana.
A veces la historia está frente a nuestros ojos. Caminamos sobre ella todos los días, pero no nos detenemos a descubrir quiénes fueron las personas que dieron nombre a nuestras calles.
Viví durante muchos años en San Carlos, en la calle Juan Bautista Vicini No. 16, casi esquina con la avenida México. Al cruzar la avenida México, esa misma vía continúa con el nombre de Emilio Prud’Homme hasta terminar en la avenida Mella.
Hago este relato porque acabo de leer la historia de ese ilustre patriota y, de verdad, me llenó de orgullo conocer quién fue. Al mismo tiempo pensé en la juventud de estos tiempos y también en mí, porque durante años nunca le di importancia al nombre de las calles. Sin darnos cuenta, perdemos la oportunidad de conocer la historia de los hombres y mujeres que ayudaron a construir la República Dominicana.
Esa reflexión me llevó a investigar un poco más y descubrí que Emilio Prud’Homme no solo fue el autor de la letra del Himno Nacional Dominicano. También fue un destacado abogado, educador, legislador y un firme defensor de la soberanía nacional. Nació el 20 de agosto de 1856 y escribió la letra de nuestro himno en 1883, sobre la música del maestro José Reyes, dejando una obra que, más de un siglo después, sigue uniendo a los dominicanos cada vez que se interpreta.
Su vida estuvo marcada por el compromiso con la educación, los valores patrióticos y la defensa de la independencia nacional. Durante la intervención militar estadounidense de 1916 manifestó públicamente su oposición, una postura que incluso lo llevó a apartarse temporalmente del magisterio. Además de la letra del Himno Nacional, escribió obras como A la juventud dominicana, A mi Patria y Canto a América, siempre inspiradas en el amor por la nación.
Emilio Prud’Homme falleció el 21 de julio de 1932 en Santo Domingo. Inicialmente fue sepultado en el Cementerio Municipal de la avenida Independencia y, posteriormente, sus restos fueron trasladados al Panteón de la Patria, donde descansan junto a otros grandes hombres que marcaron la historia nacional. Los registros del Archivo General de la Nación y las biografías históricas coinciden en reconocer la trascendencia de su legado para la República Dominicana.
Mientras terminaba de leer su historia, no dejaba de pensar en cuántas veces recorrí ese trayecto sin preguntarme quién era Emilio Prud’Homme. Seguramente no soy el único. Muchos dominicanos hemos crecido caminando por calles cuyos nombres forman parte de nuestra historia, pero pocas veces nos detenemos a conocer quiénes fueron esas personas y por qué el país decidió honrarlas de esa manera.
Quizás ahí exista una tarea pendiente para todos. Enseñarles a nuestros hijos y a las nuevas generaciones que la historia no solo se aprende en los libros. También está en las calles, en los parques, en los monumentos y en los nombres que vemos cada día al salir de casa.
Después de conocer la vida de Emilio Prud’Homme, estoy seguro de que nunca volveré a pasar por esa calle con la misma indiferencia. Ahora, cada vez que escuche su nombre, recordaré que detrás de ese letrero hay un dominicano que dedicó su vida a fortalecer nuestra identidad, nuestros valores y el amor por la patria.