Santiago Matías construyó su fuerza desde la música y los medios digitales. Ahora intenta convertir esa influencia en una organización política con miras a 2028.
¿Qué sucede cuando una marca personal construida en internet decide entrar directamente al terreno electoral?
Todos sabemos quién es Alofoke.
O, mejor dicho, todos sabemos quién es Santiago Matías, el hombre que convirtió el nombre de Alofoke en una de las marcas de mayor reconocimiento dentro del ecosistema digital dominicano.
Pero quizás todavía no hemos dimensionado lo que está ocurriendo.
Porque Alofoke ya no está solamente hablando de política.
Ahora está intentando construir política.
De la música a los medios
Santiago Matías no apareció de repente en el escenario público.
Su recorrido comenzó vinculado a la música urbana y a la promoción de artistas. Después encontró en los medios digitales un espacio que, en sus primeros años, todavía no era visto por muchos como el gran negocio que terminaría siendo.
Él apostó.
Y aquella apuesta produjo una transformación empresarial.
La plataforma fue creciendo, aparecieron nuevos formatos, programas, transmisiones y proyectos de comunicación, hasta convertir el nombre Alofoke en una estructura mediática con capacidad para generar atención y conversación a gran escala.
Ese antecedente es fundamental para comprender lo que ocurre ahora.
Porque antes de intentar construir poder político, Santiago Matías ya había demostrado que sabía construir audiencia.
Y la audiencia es precisamente uno de los activos más importantes de la política contemporánea.
Cuando la audiencia se convierte en influencia
Aquí comienza la parte que merece nuestra atención.
Un empresario tradicional puede tener capital económico.
Un dirigente político puede tener estructura territorial.
Un medio de comunicación puede tener capacidad de difusión.
Pero una personalidad digital puede reunir varias de esas capacidades alrededor de una misma identidad pública.
Ese es el caso que estamos observando.
Alofoke no necesita comenzar desde cero para llamar la atención de millones de personas.
Ya posee una plataforma.
Ya tiene una comunidad digital.
Ya existe reconocimiento de marca.
Ya existe capacidad para colocar temas en la agenda pública.
La pregunta ahora es otra:
¿Puede esa influencia convertirse en organización política?
Ahí está el verdadero experimento.
El dato que encendió las alarmas
En julio, una medición de ACD Media colocó a Santiago Matías con 6.3 % de intención de voto en un escenario presidencial para 2028.
La encuesta situó a David Collado con 20.6 %, Leonel Fernández con 14.5 %, Omar Fernández con 12.1 %, Gonzalo Castillo con 6.5 % y Santiago Matías con 6.3 %. Un 25.3 % no expresó preferencia por ninguno de los aspirantes evaluados.
El dato no significa que Alofoke tenga asegurado ese porcentaje en unas elecciones.
Sería incorrecto interpretarlo de esa manera.
Una encuesta es una fotografía de un momento.
Pero la fotografía tiene valor.
Porque estamos hablando de una persona que todavía está intentando formalizar una organización política y que ya aparece en una medición presidencial con un nivel de intención de voto comparable al de figuras con una trayectoria política mucho más larga.
Eso merece ser estudiado.
El salto más difícil
Construir audiencia y construir territorio no son la misma cosa.
En internet, una persona puede seguir un contenido desde cualquier punto del país.
En política, el liderazgo necesita organización.
Hay que identificar dirigentes.
Hay que formar equipos.
Hay que establecer estructuras provinciales y municipales.
Hay que movilizar personas.
Hay que presentar propuestas.
Hay que cumplir los requisitos electorales.
Y, finalmente, hay que conseguir votos.
La propia Junta Central Electoral establece procedimientos y requisitos para el reconocimiento de las organizaciones políticas. Por eso, el proyecto anunciado por Santiago Matías tendrá que superar una etapa institucional que no puede resolverse solamente con popularidad digital.
El reto será convertir seguidores en ciudadanos organizados.Fenómeno Alofoke: cuando la influencia digital busca poder político | Observatorio Fundación RATT Dominicana
Todos sabemos quién es Alofoke.
O, mejor dicho, todos sabemos quién es Santiago Matías, el hombre que convirtió el nombre de Alofoke en una de las marcas de mayor reconocimiento dentro del ecosistema digital dominicano.
Pero quizás todavía no hemos dimensionado lo que está ocurriendo.
Porque Alofoke ya no está solamente hablando de política.
Ahora está intentando construir política.
De la música a los medios
Santiago Matías no apareció de repente en el escenario público.
Su recorrido comenzó vinculado a la música urbana y a la promoción de artistas. Después encontró en los medios digitales un espacio que, en sus primeros años, todavía no era visto por muchos como el gran negocio que terminaría siendo.
Él apostó.
Y aquella apuesta produjo una transformación empresarial.
La plataforma fue creciendo, aparecieron nuevos formatos, programas, transmisiones y proyectos de comunicación, hasta convertir el nombre Alofoke en una estructura mediática con capacidad para generar atención y conversación a gran escala.
Ese antecedente es fundamental para comprender lo que ocurre ahora.
Porque antes de intentar construir poder político, Santiago Matías ya había demostrado que sabía construir audiencia.
Y la audiencia es precisamente uno de los activos más importantes de la política contemporánea.
Cuando la audiencia se convierte en influencia
Aquí comienza la parte que merece nuestra atención.
Un empresario tradicional puede tener capital económico.
Un dirigente político puede tener estructura territorial.
Un medio de comunicación puede tener capacidad de difusión.
Pero una personalidad digital puede reunir varias de esas capacidades alrededor de una misma identidad pública.
Ese es el caso que estamos observando.
Alofoke no necesita comenzar desde cero para llamar la atención de millones de personas.
Ya posee una plataforma.
Ya tiene una comunidad digital.
Ya existe reconocimiento de marca.
Ya existe capacidad para colocar temas en la agenda pública.
La pregunta ahora es otra:
¿Puede esa influencia convertirse en organización política?
Ahí está el verdadero experimento.
El anuncio que cambió el escenario
El 22 de julio de 2026, Santiago Matías anunció que decidió conformar su propio partido político con la intención de participar en las elecciones de 2028. También afirmó que había recibido propuestas de más de 15 organizaciones políticas, pero que optaría por construir una estructura propia.
La decisión tiene una lectura distinta a la de una simple candidatura.
Aceptar una candidatura significa incorporarse a una maquinaria existente.
Crear una organización significa intentar construir una maquinaria nueva.
Y eso cambia completamente el desafío.
Ahora tendrá que demostrar que el alcance que tiene en las plataformas digitales puede transformarse en presencia organizada fuera de ellas.
El dato que encendió las alarmas
En julio, una medición de ACD Media colocó a Santiago Matías con 6.3 % de intención de voto en un escenario presidencial para 2028.
La encuesta situó a David Collado con 20.6 %, Leonel Fernández con 14.5 %, Omar Fernández con 12.1 %, Gonzalo Castillo con 6.5 % y Santiago Matías con 6.3 %. Un 25.3 % no expresó preferencia por ninguno de los aspirantes evaluados.
El dato no significa que Alofoke tenga asegurado ese porcentaje en unas elecciones.
Sería incorrecto interpretarlo de esa manera.
Una encuesta es una fotografía de un momento.
Pero la fotografía tiene valor.
Porque estamos hablando de una persona que todavía está intentando formalizar una organización política y que ya aparece en una medición presidencial con un nivel de intención de voto comparable al de figuras con una trayectoria política mucho más larga.
Eso merece ser estudiado.



