Deja de explicar y comienza a cambiar

Hay un momento en la vida en que uno se cansa de explicar quién es, lo que quiere hacer y por qué está intentando cambiar. Entonces descubre algo incómodo: quizá estaba hablando demasiado y haciendo muy poco.

No vuelvas a llamarte por el nombre de tu fracaso.

Eres alguien que todavía está siendo formado.

Alguien que todavía puede cambiar.

Alguien que todavía puede comenzar.

Y si Dios todavía te permite despertar esta mañana, entonces la historia todavía no terminó.

Escribe la siguiente página con fe.

Pero esta vez, no la llenes solamente de palabras.

Llénala de decisiones.

Llénala de obediencia.

Llénala de frutos.

Y deja que tu vida termine diciendo aquello que tus palabras, por sí solas, nunca podrían demostrar.