El Vocero | Reforma fiscal: cuando el alquiler también amenaza los sueños

Detrás de cada posible aumento en los alquileres no hay solo números. Hay parejas que quieren comenzar una vida juntos, emprendedores que luchan por abrir un negocio y familias que ven cómo el costo de vivir sigue alejándose de sus posibilidades.

Mi hija está organizando su boda. Como cualquier padre, uno piensa en la ilusión de verla comenzar una nueva etapa, encontrar un hogar y construir una familia. Pero hace unos días vi una entrevista a una experta del sector inmobiliario hablando sobre los posibles aumentos que podrían registrarse en algunos alquileres con la reforma fiscal.

.En ese momento dejé de pensar en estadísticas y pensé en ella.


Después pensé en una amiga que lleva meses buscando un local para abrir un salón de belleza. También pensé en los miles de dominicanos que hoy hacen cuentas para alquilar un apartamento o emprender un negocio. Y la pregunta surgió sola: ¿hasta cuándo cada nuevo cambio terminará haciendo más difícil algo tan básico como tener un techo o abrir una pequeña empre

Las reformas fiscales suelen presentarse con tecnicismos, porcentajes y artículos legales. Sin embargo, pocas veces se habla de las personas que terminan sintiendo sus efectos.


Entre los cambios planteados está el aumento de la retención del Impuesto Sobre la Renta (ISR) aplicada a determinados pagos por alquileres, que pasaría del 10 % al 15 %. Aunque la medida no obliga legalmente a subir los alquileres, especialistas del sector han advertido que algunos propietarios podrían trasladar ese mayor costo a los inquilinos, especialmente en contratos formales y locales comerciales.


Y ahí comienza la preocupación.

Porque cuando aumenta el alquiler, no solo aumenta una mensualidad. También aumenta la incertidumbre de quien apenas puede pagar la renta. Se complica el presupuesto del joven que quiere independizarse. Se enfría el sueño del emprendedor que necesita un pequeño local para empezar. Se retrasa el proyecto de una pareja que desea casarse y formar un hogar.


En un país donde el costo de la vida ya golpea con fuerza, cualquier incremento pesa. Y pesa más sobre quienes menos margen tienen para absorberlo.
La indignación nace cuando se entiende que detrás de cada decisión económica hay personas reales. No son simples cifras en una hoja de cálculo. Son familias que hacen sacrificios todos los meses, madres solteras, trabajadores, pequeños comerciantes y jóvenes que sienten que cada vez la meta está más lejos.
Resulta desalentador que, mientras muchos luchan por salir adelante, aparezcan nuevos factores que pueden encarecer aún más el acceso a una vivienda o el inicio de un negocio. No todos tienen ahorros. No todos pueden asumir otro aumento. Muchos viven haciendo equilibrio entre el salario y las obligaciones.
Eso no significa que todos los alquileres vayan a subir. Tampoco que la reforma ordene un incremento automático. Pero basta con que una parte del mercado ajuste sus precios para que miles de personas vuelvan a sacar la calculadora y renuncien, una vez más, a algún proyecto.
Quizá algunos vean este debate como un asunto exclusivamente económico. Yo prefiero verlo desde otro lugar.
Desde la mirada de una hija que sueña con su futuro.
Desde la ilusión de una mujer que quiere abrir su salón de belleza.
Desde las miles de parejas que buscan un apartamento para comenzar una vida juntos.
Porque las políticas públicas no deberían medirse únicamente por lo que recaudan. También deberían evaluarse por el efecto que tienen sobre la esperanza de la gente.
Y cuando una reforma hace que más dominicanos se pregunten si podrán pagar un alquiler o cumplir sus sueños, esa ya no es solo una discusión fiscal. Es una discusión sobre el país que estamos construyendo.