El abrazo de Josefa: cuando un bebé enseñó el valor de la confianza

Un gesto de indiferencia bastó para romper un vínculo de afecto. Recuperarlo tomó días y dejó una lección que también sirve para la vida adulta.

Un solo abrazo que faltó bastó para cambiarlo todo. Josefa descubrió que la confianza de un bebé, una vez herida, no se recupera con palabras, sino con paciencia, amor y tiempo.

Josefa Erazo era una mujer de brazos abiertos, de esas que no conciben un saludo sin un apretón que te deje sin aliento y un par de besos ruidosos en las mejillas. Para ella, el afecto se demostraba con el cuerpo, o no era afecto.


Un día, como tantos otros, fue a la casa de su hermana. Allí la esperaba su mayor debilidad: un hermoso bebé de apenas unos meses, un amiguito con el que Josefa tenía un pacto silencioso de mimos, risas y un «tratamiento personalizado» que incluía llenarlo de carantoñas hasta hacerlo reír.
Sin embargo, ese día las cosas eran distintas. Josefa cargaba con un problema personal tan pesado que parecía haberle congelado el impulso de los brazos. Cruzó el umbral y, rompiendo su propia regla de oro, saludó a todos de forma estrictamente hablada, con una voz que sonaba lejana. Su mirada pasó de largo por la cuna, ignorando por primera vez a su pequeño cómplice. Se sentó, aceptó la taza de café y se la tomó de prisa. Tan pronto la vació, se puso en pie y se despidió de la misma forma fría en que había llegado.


Consciente de su falta, fue de inmediato a cumplir con su cuota de cariño. Pero, para su sorpresa, esta vez la ignorada fue ella. El bebé la trató como a una perfecta desconocida, sin mostrar nada especial ni hacerle el menor caso.


Así pasaron varios días de sutil distancia, hasta que Josefa tuvo que empezar a darle la comida en la boca, tal como lo hacía antes cuando él era más pequeño. Solo de esta forma, con paciencia y atenciones, fue recuperando poco a poco el cariño y la confianza perdidos.


De ahí en adelante, Josefa comprendió una gran verdad: no se juega con la confianza de un bebé inteligente, caprichoso y rencoroso.