Vigilancia urbana: ¿y si el semáforo supiera demasiado? | Observatorio Fundación RATT Dominicana

El caso Camaleón permite mirar más allá de los contratos y preguntarnos cuánto puede saber una ciudad cuando sus cámaras y sistemas están conectados.

Aquí empieza lo interesante.

Una cámara colocada en una intersección puede registrar que un vehículo pasó.

Eso, por sí solo, parece poca cosa.

Pero coloquemos otra cámara unos kilómetros más adelante.

Y otra.

Y otra.

Ahora podemos comenzar a observar un recorrido.

Si además tenemos horarios, imágenes y diferentes puntos de observación, podemos empezar a construir patrones.

Y un patrón puede decir mucho.

Puede mostrar por dónde se desplaza un vehículo.

A qué hora suele hacerlo.

Cuánto tiempo permanece en determinadas zonas.

Qué recorridos repite.

Eso puede ser extremadamente útil para una investigación criminal.

Pero también puede ser extremadamente sensible para la privacidad.

Seguridad o vigilancia

Aquí aparece la paradoja.

Una red tecnológica bien administrada podría ayudar a localizar un vehículo utilizado en un secuestro.

Podría ayudar a reconstruir la ruta seguida después de un robo.

Podría ayudar a encontrar a una persona desaparecida.

Podría aportar información para investigar una red de trata de personas.

Desde el punto de vista de la seguridad, eso puede salvar vidas.

Pero existe otra posibilidad.

La misma infraestructura podría utilizarse para conocer los movimientos de personas que no están relacionadas con ningún delito.

Y entonces la pregunta cambia.

Ya no hablamos solamente de seguridad.

Hablamos de privacidad.

participan en sistemas tecnológicos relacionados con información sensible?

La respuesta no debería depender de una persona.

Debe estar escrita en procedimientos, contratos, leyes, auditorías y mecanismos de supervisión.

Un antecedente tecnológico

También existe un antecedente público que merece ser registrado.

En 2012, Jochi Gómez fue acusado de acceder ilegalmente a cuentas de correo electrónico de distintas personas, entre ellas políticos, funcionarios y empresarios.

Posteriormente, ese proceso terminó con la extinción de la acción penal.

Ese episodio pertenece a otro momento y no demuestra las acusaciones del caso Camaleón.

Pero desde la perspectiva ORS5RATT sí resulta relevante observar la trayectoria pública relacionada con tecnología e información cuando años después aparece nuevamente en un proceso donde estos elementos ocupan un lugar central.

Eso es trazar antecedentes.

No es condenar.

¿Y los medios de comunicación?

Aquí también debemos tener cuidado.

Encontramos referencias periodísticas que identificaban a Jochi Gómez como gerente general del periódico digital Siglo 21.

Ese dato puede verificarse en publicaciones de la época.

Pero no debemos dar un salto que la evidencia disponible no permite.

No podemos afirmar que existiera una estrategia para utilizar medios de comunicación como parte de una operación de control informativo sin documentos que lo demuestren.

Por eso esa línea debe permanecer abierta a investigación.

Hay que buscar registros societarios.

Accionistas.

Contratos.

Transferencias.

Beneficiarios finales.

Relaciones empresariales.

Y documentos que permitan establecer conexiones reales.

Eso es precisamente lo que hace una investigación OSINT seria.

trata.

Puede salvar vidas.

Pero también puede convertirse en una herramienta de vigilancia extraordinariamente poderosa si no existen controles.

Por eso la pregunta que dejo sobre la mesa es sencilla:

¿Quién vigila a quienes tienen la capacidad de vigilarnos?

Quizás esa sea una de las preguntas de seguridad más importantes que debemos comenzar a hacernos antes de que la tecnología avance mucho más.

Observatorio Fundación RATT Dominicana