Basada en Isaías 16:11, esta reflexión de fe exhorta a volver a Dios con un corazón arrepentido, abandonar la idolatría y reconocer su autoridad antes de que las consecuencias de la desobediencia alcancen a las personas y a las naciones.
La misericordia de Dios siempre precede a su juicio. Antes de que lleguen las consecuencias de la desobediencia, Él llama, advierte y extiende su mano para que sus hijos regresen a su presencia. Ese llamado continúa vigente para todo aquel que tenga oídos para escuchar.
Por tanto, mis entrañas vibrarán como arpa por Moab, y mi corazón por Kir-hareset.»
Isaías 16:11.
Este pasaje revela el corazón de Dios. No es un Dios indiferente al sufrimiento humano. Antes de que el juicio alcance a un pueblo, su corazón se conmueve porque desea que sus hijos se arrepientan y vuelvan a Él.
Hoy el Señor continúa hablando.
«Hijos míos, vengan ahora a mí arrepentidos antes de que mis entrañas vibren por su desgracia.»
Es un llamado de amor, pero también de urgencia. Dios exhorta a reconocer su autoridad mientras todavía hay tiempo para recibir su perdón y su misericordia.
El Señor advierte que no debemos dejarnos dominar por la soberbia ni por la necedad. También nos llama a abandonar toda forma de idolatría y toda práctica que desvíe el corazón de la verdadera adoración.
La Palabra enseña que Dios es celoso de su gloria y no comparte su lugar con ningún ídolo. Él anhela un pueblo que le busque con sinceridad, que se humille delante de su presencia y que viva conforme a sus mandamientos.
No es un mensaje de condenación, sino una invitación al arrepentimiento. Dios desea perdonar, restaurar y sostener a quienes vuelven su rostro hacia Él con un corazón sincero.
Mientras exista vida, existe la oportunidad de reconciliarse con el Señor. Su misericordia permanece abierta para todo aquel que decide abandonar el pecado y caminar en obediencia.
Cada persona decidirá cómo recibe este mensaje. Algunos lo verán como una advertencia; otros, como una manifestación del inmenso amor de Dios por sus hijos.
Lo cierto es que el Señor sigue llamando al arrepentimiento antes de que sea demasiado tarde.
La pregunta no es si Dios continúa hablando.
La verdadera pregunta es si nosotros todavía estamos dispuestos a escuchar su voz.