Una reflexión sobre perseverar frente al abuso de poder y confiar en Dios cuando la justicia parece tardar.
Revelaciones Espirituales: Éxodo 9
Subtítulo: Una reflexión sobre perseverar frente al abuso de poder y confiar en Dios cuando la justicia parece tardar.
Frase clave: Revelaciones espirituales de Éxodo 9
Categoría: Opinión
Hay momentos en los que una persona siente que tiene que volver a enfrentar la misma dificultad una y otra vez.
Hay momentos en los que parece que quienes tienen poder político, económico, religioso, militar o judicial olvidan que también están sujetos a la justicia de Dios.
Al leer Éxodo 9:1-12, encuentro una revelación espiritual que habla precisamente de obediencia, resistencia y libertad.
Jehová le dijo a Moisés:
“Entra a la presencia de Faraón y dile: Jehová el Dios de los hebreos dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.”
Amén.
Jehová nos dice
La enseñanza que recibo de este pasaje es que no debemos permanecer callados cuando enfrentamos situaciones que consideramos injustas.
Frente a personas que ostentan poder y que pueden llegar a sentirse como custodios absolutos de la ley, debemos recordar que ningún poder humano está por encima de Dios.
En una sala de audiencias, en una institución, frente a una autoridad o ante cualquier estructura de poder, nuestra confianza no puede depender únicamente de los hombres.
Nuestra confianza debe estar puesta en Jehová.
La palabra nos recuerda que Moisés tuvo que presentarse delante de Faraón una y otra vez.
Faraón recibió advertencias.
Sin embargo, continuó resistiendo.
Y aquí encuentro una enseñanza para quienes atraviesan procesos difíciles.
No se cansen.
No se desanimen.
Si ustedes consideran que su causa es correcta, no abandonen la perseverancia solamente porque tuvieron que enfrentar nuevamente la misma dificultad.
Quizás sea la quinta vez.
Quizás sea la sexta.
Quizás parezca que nada cambia.
Pero la demora no significa necesariamente derrota.
Cuando el poder se endurece
El relato del Éxodo muestra a un Faraón que endurece su corazón.
Desde mi interpretación espiritual, esto representa también a aquellas estructuras humanas que, teniendo la oportunidad de corregir sus actuaciones, deciden permanecer en la resistencia.
No se trata de declarar demonio a una persona determinada.
Se trata de reconocer el simbolismo de Faraón: el poder que se niega a dejar en libertad a quienes considera bajo su control.
Y esa es una advertencia poderosa.
Ninguna posición terrenal convierte a un ser humano en Dios.
Ni el dinero.
Ni un cargo político.
Ni una posición religiosa.
Ni un uniforme.
Ni una toga.
Ni una oficina.
Ni una sala de audiencias.
Todos seguimos siendo seres humanos delante del Creador.
“Deja ir a mi pueblo”
Esta frase sigue teniendo una enorme fuerza espiritual:
“Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.”
Para mí, significa que hay momentos en los que Dios llama a sus hijos a levantarse con firmeza, sin violencia y sin odio, pero también sin miedo.
Hablar.
Dar testimonio.
Defender la verdad.
Perseverar.
Y no permitir que el cansancio destruya la esperanza.
Moisés no tenía el poder político de Faraón.
Pero tenía una palabra que cumplir.
Y esa diferencia es importante.
Porque muchas veces creemos que para enfrentar al poder necesitamos tener más poder que él.
El Éxodo enseña otra cosa.
La autoridad de Dios no depende del tamaño del poder humano que tengamos delante.
A los que están atravesando una lucha
Hoy quiero decirle a quienes se sienten cansados:
No se rindan.
Si han tenido que volver a tocar una puerta que permanece cerrada, sigan confiando.
Si han tenido que explicar nuevamente su situación, mantengan la calma.
Si han tenido que enfrentar nuevamente una dificultad que creían superada, no permitan que el desánimo determine su destino.
La perseverancia también es una forma de resistencia.
Y hay batallas que no se ganan en un día.
Se ganan permaneciendo firmes.
Levántense temprano
Hay una parte del pasaje que me impacta especialmente: Moisés debía presentarse nuevamente delante de Faraón.
Eso significa que debía levantarse y volver a enfrentar aquella autoridad.
Por eso, esta reflexión termina con un llamado:
Levántense.
No desde el odio.
No desde la venganza.
No desde la violencia.
Levántense desde la fe.
Párense delante de las dificultades que tienen delante y hablen con la verdad que Dios haya puesto en sus corazones.
Digan lo que tengan que decir.
Defiendan aquello que consideran justo.
Y después de hacer su parte, permitan que Dios haga la suya.
Porque el mensaje del Éxodo sigue siendo profundamente poderoso:
“Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.”
Que Jehová fortalezca a quienes hoy sienten que están enfrentando nuevamente una batalla.
Que les dé sabiduría para hablar, prudencia para actuar y fuerza para perseverar.
Y que, por encima de cualquier poder terrenal, nunca olvidemos quién es verdaderamente Dios.
Amén.