La Ley 63-17 y los protocolos policiales establecen cómo debe actuar un agente durante una intervención. Sin embargo, muchas experiencias ciudadanas siguen abriendo una pregunta que merece ser discutida.
¿Sabía usted que una intervención de tránsito no comienza con una amenaza, sino con la identificación del agente y una explicación del motivo de la detención? Si eso no ocurre, vale la pena preguntarse por qué existe una diferencia entre la ley y la realidad.
Cuando decidí leer la Ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, descubrí algo que todos los ciudadanos deberían conocer.
La ley autoriza a las autoridades a detener un vehículo cuando exista una presunta infracción. Pero también establece un procedimiento que protege los derechos del ciudadano. La intervención no debe comenzar con gritos, amenazas o intimidación.
Además, el Reglamento sobre el Uso de la Fuerza de la Policía Nacional establece que el primer nivel de actuación es la presencia policial, el diálogo, la identificación del agente y el uso adecuado de la palabra antes de recurrir a medidas de mayor intensidad.
Fue entonces cuando me hice una pregunta.
¿Conocen todos los agentes policiales estas disposiciones o el verdadero problema está en que, en algunos casos, no se aplican correctamente?
No escribo este artículo para desacreditar a la Policía Nacional.
Sería injusto hacerlo.
Conozco agentes honestos que arriesgan su vida todos los días para proteger a la ciudadanía y merecen reconocimiento.
Pero también sería injusto ignorar las experiencias de muchos dominicanos que afirman haber sido detenidos sin recibir una explicación, sin que el agente se identificara o siendo tratados con palabras ofensivas.
Como ciudadano, creo que ese debate debe darse con respeto y con base en la ley.
Mi propia experiencia
Yo mismo viví una situación que nunca he olvidado.
Hace un tiempo acudí al Ministerio de Defensa para reunirme con una amiga que participaba en un curso dentro de la academia militar.
Antes de realizar un giro con mi vehículo pregunté a varios militares que estaban de servicio si podía hacerlo.
Ellos respondieron que sí.
Con esa autorización realicé el giro.
Pocos minutos después, mientras estacionaba, un oficial llegó alterado.
Sin escuchar mi explicación comenzó a insultarme y amenazó con llevarme preso.
Cuando le expliqué que los militares de servicio me habían autorizado, respondió que él había ordenado sancionar a toda persona que realizara ese giro.
Lo que todo ciudadano debería conocer
La ley no solamente establece obligaciones para los conductores.
También fija responsabilidades para los agentes.
Entre ellas están:
Identificarse adecuadamente.
Explicar el motivo de la intervención.
Informar cuál es la presunta infracción.
Actuar con respeto y proporcionalidad.
Evitar el uso innecesario de la fuerza.
Del mismo modo, el ciudadano también tiene deberes.
Debe colaborar con la autoridad, presentar la documentación requerida, mantener una actitud respetuosa y utilizar los mecanismos legales si considera que hubo un abuso.
El respeto debe ser mutuo.
Una reflexión final
No creo que el verdadero problema de la República Dominicana sea la falta de leyes.
Tenemos leyes.
Tenemos reglamentos.
Tenemos protocolos.
Lo verdaderamente importante es que esas normas se conviertan en una práctica diaria.
Quizás el gran desafío no sea aprobar más leyes.
Quizás sea lograr que cada servidor público conozca, respete y aplique las que ya existen.
Porque el uniforme representa autoridad.
Y la autoridad solo inspira confianza cuando actúa con legalidad, profesionalismo y respeto a la dignidad humana.
Esa es la Policía que todos los dominicanos desean ver en las calles.