México vuelve a ser sede de una Copa del Mundo. La celebración por el fútbol convive con campañas de prevención y protección de la niñez.
Hoy México vivió un día histórico al convertirse nuevamente en anfitrión de la Copa del Mundo, por tercera ocasión en su historia. El debut fue glorioso: nuestra selección venció 2–0 a Sudáfrica en el partido inaugural, y la victoria resonó en cada rincón del país, desde las grandes plazas hasta las banquetas de barrio, donde familias y vecinos compartieron la emoción y el orgullo nacional.
El fútbol se transformó en un lenguaje común que nos une y nos recuerda la capacidad de México para recibir al mundo con pasión y hospitalidad. Sin embargo, junto a la fiesta deportiva también se encendieron las alertas: instituciones como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) lanzaron campañas de prevención contra la trata de personas, difundidas en radio, medios digitales y espacios públicos, con el mensaje claro de proteger a niñas, niños y adolescentes.
Este Mundial es celebración y compromiso. La victoria deportiva y las campañas de prevención se entrelazan en un mismo relato: el de un país que celebra con orgullo, pero que también se cuida. Porque el fútbol nos une, pero la conciencia nos protege.