El discurso de la embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, trasciende la celebración de la independencia estadounidense y reabre una discusión que también toca a la sociedad dominicana: ¿hasta dónde puede llegar el poder cuando se enfrenta a la libertad de expresión?
Las palabras de la embajadora no solo hablaron de la historia de Estados Unidos. También obligan a mirar el presente y a preguntarnos qué tan comprometidas están nuestras democracias con el derecho a disentir.
Hay discursos que terminan cuando concluyen los aplausos. Otros, en cambio, comienzan a generar preguntas. El pronunciado por la embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, pertenece a este último grupo.
Quienes trabajamos diariamente desde medios y plataformas digitales sabemos que la libertad de expresión no es un concepto abstracto. Es el derecho que permite investigar, denunciar, cuestionar al poder y publicar información de interés público sin temor a represalias. Por eso resultó significativo escuchar a la diplomática afirmar que «la libertad de expresión es el oxígeno de la democracia».
«No les oculto que, mientras escuchaba a la embajadora, pensé en la República Dominicana. Me pregunté qué habrán pensado el presidente Luis Abinader y los congresistas al escuchar una defensa tan firme de la libertad de expresión.»
Sus palabras me hicieron recordar otro episodio que marcó el debate mundial sobre la libertad de expresión en la era digital: la suspensión de las cuentas de Trump en Twitter, hoy X. Aquel hecho dividió opiniones entre quienes defendían la decisión de la plataforma y quienes advertían sobre el enorme poder que pueden ejercer las grandes empresas tecnológicas sobre la conversación pública.
A partir de ahí surge una reflexión inevitable para la República Dominicana. ¿Qué habrán pensado el presidente Luis Abinader y la mayoría de los legisladores que han respaldado iniciativas relacionadas con la regulación de la expresión en espacios digitales al escuchar este mensaje? No tengo la respuesta. Tampoco pretendo atribuírsela a nadie. Es una pregunta que deja abierta el propio debate.
La libertad de expresión nunca ha sido un derecho cómodo. Protege las ideas con las que estamos de acuerdo, pero también aquellas que incomodan, cuestionan o generan controversia. Precisamente por eso constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia.
Más allá de simpatías políticas o diferencias ideológicas, el discurso de la embajadora deja una enseñanza que merece ser leída con atención: cuando una sociedad comienza a aceptar que determinadas ideas sean silenciadas antes de ser escuchadas, el debate democrático empieza a perder fuerza.
Por esa razón compartimos íntegramente el discurso pronunciado por la embajadora Leah Francis Campos. La mejor manera de analizar un mensaje es permitir que cada ciudadano lo lea, lo interprete y saque sus propias conclusiones.