La edad puede cambiar tus fuerzas y tu ritmo, pero no tiene autoridad para determinar cuándo termina el propósito que Dios tiene para tu vida.
¿Quién te dijo que porque envejeciste ya terminó tu propósito?
Hay una mentira que puede instalarse silenciosamente en el corazón:
“Ya hice lo que tenía que hacer. Mi tiempo pasó. Ahora solo me queda esperar el final.”
Pero esa no es la voz de Dios.
Jesús dijo: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10).
Una de las cosas que el enemigo intenta robar no siempre es algo material. Muchas veces intenta robarte algo mucho más profundo: el sentido de propósito.
Cuando una persona comienza a creer que ya no es útil, deja de luchar, deja de servir, deja de soñar y comienza a vivir como si su historia ya hubiera terminado.
Pero mientras Dios te conceda vida, todavía existe una razón para que sigas aquí.
La edad no cancela el llamado
No importa si tienes 60, 70 u 80 años.
La edad puede cambiar tus fuerzas físicas, pero no tiene autoridad para cancelar el propósito de Dios.
Quizás ya no corres como antes.
Pero puedes discernir mejor.
Quizás ya no tienes la misma energía.
Pero tienes algo que los años pueden haber construido en ti: experiencia, sabiduría, memoria, testimonio y conocimiento de los caminos que has recorrido.
Efesios 2:10 declara:
“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras.”
Pablo no presenta el propósito como una asignación exclusiva de la juventud.
Dios puede cambiar la forma en que sirves sin necesariamente eliminar el propósito.
La vejez también puede producir fruto
El Salmo 92:14 contiene una declaración extraordinaria:
“Aún en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes.”
La Biblia no presenta necesariamente la vejez como una etapa de inutilidad.
Habla de fruto.
Pero el fruto de la madurez puede ser diferente al de la juventud.
Ya no necesariamente es fruto de velocidad.
Puede ser fruto de profundidad.
Ya no es solamente impulso.
Puede ser discernimiento.
Ya no se trata de demostrar quién eres.
Se trata de comprender mejor para qué has sido llamado.
Hay enseñanzas que solamente pueden transmitirse después de haber atravesado determinadas temporadas.
Hay consejos que nacen de la experiencia.
Hay palabras que adquieren profundidad después de haber conocido el dolor.
Hay testimonios que solamente puede contar quien ha sobrevivido a determinadas batallas.
Tus años no son solamente tiempo acumulado. También pueden convertirse en legado.
consisten en lo que vas a hacer, sino en lo que vas a enseñar.
No permitas que la edad te convenza de que ya no tienes nada que aportar.
Dios no cancela tu propósito porque hayas envejecido.
Puede cambiar tu ritmo.
Puede cambiar tu función.
Puede cambiar la manera en que sirves.
Pero mientras haya vida, todavía puede haber fruto.
Y mientras Dios te conceda aliento, tu historia todavía no ha terminado.