«Hoy esa fotografía tiene otro significado. Ya no es solo el recuerdo de un encuentro con Alex Bueno; es una imagen que conserva vivo un instante junto a una de las voces que marcaron la banda sonora de varias generaciones de dominicanos.»
Pensé que trabajar con él sería un problema. Con el tiempo descubrí a un hombre humilde, puntual y muy distinto a la imagen que muchos tenían.
Hay prejuicios que duran años.
Y hay personas que los derrumban en cuestión de días.
Eso fue exactamente lo que me ocurrió con Alex Bueno.
Cuando Junior Almonte, esposo de mi sobrina, asumió la representación artística del cantante, me preguntó si quería integrarme al equipo de trabajo.
Mi respuesta fue sincera.
Le dije que no estaba seguro.
Como mucha gente, yo conocía las historias de los momentos difíciles que Alex había atravesado. Pensaba que trabajar con él sería complicado y que tarde o temprano aparecerían los problemas.
Pero acepté.
Y desde el primer momento comencé a descubrir a una persona muy diferente.
Alex cumplía con sus compromisos.
Llegaba a tiempo.
Respetaba al público.
Respetaba a los empresarios.
Respetaba a la gente que trabajaba junto a él.
Nunca faltó a una fiesta.
Nunca dejó plantado un programa de televisión.
Muchas veces era él quien llegaba primero.
Aquello me sorprendía porque contrastaba con la imagen que muchos conservaban de él.
Pero hubo algo que me impactó aún más.
Su humildad.
Alex Bueno no se comportaba como una estrella.
Y tenía razones de sobra para hacerlo.
Había llenado escenarios.
Había sonado en toda América Latina.
Había grabado canciones que se convirtieron en parte de la vida sentimental de millones de personas.
Sin embargo, cuando conversabas con él, encontrabas a un hombre sencillo.
Sin poses.
Sin arrogancia.
Sin necesidad de demostrar quién era.
Para mí aquello tuvo un significado especial.
Porque crecí escuchando sus canciones.
Como muchos dominicanos, fui uno de esos adolescentes que cantó sus éxitos sin imaginar que años después tendría la oportunidad de conocer al artista detrás de la voz.
Y cuando finalmente lo conocí, descubrí algo que vale más que cualquier premio.
Descubrí a un ser humano auténtico.
Con los años entendí que la fama puede convertir a algunas personas en personajes.
Alex, en cambio, seguía siendo una persona.
Quizás por eso conectó tanto con el pueblo dominicano.
La gente no veía solamente a un cantante.
Veía a alguien que se parecía a ellos.
Alguien que también cayó.
Que también luchó.
Que también tuvo que levantarse más de una vez.
Hoy, cuando escucho una de sus canciones, no pienso primero en el artista.
Pienso en el hombre.
Porque las mejores voces algún día se apagan.
Los aplausos terminan.
Los escenarios se vacían.
Pero la forma en que tratamos a los demás permanece en la memoria de quienes compartieron el camino con nosotros.
Y si algo aprendí de Alex Bueno es que la verdadera grandeza no está en ser admirado por miles de personas.
Está en seguir siendo humilde cuando ya no necesitas demostrarle nada a nadie.
Por eso algunos artistas son recordados por sus éxitos.
Y otros, además de sus éxitos, son recordados por la persona que fueron cuando las luces se apagaban.
«Sin saberlo, aquella foto guardó un pedazo de historia. Hoy, tras la partida de Alex Bueno, se convierte en un recuerdo invaluable de un artista que nunca dejará de cantar en la memoria de su pueblo.»
La muerte de Alex Bueno ha provocado una profunda conmoción en República Dominicana, donde era considerado una de las voces más afinadas y queridas de la música popular, con éxitos como Colegiala, Que Vuelva y Jardín Prohibido.