¿Qué será de doña Gladys ante la crisis de las ARS?

La maestra jubilada que enseñó a leer a una generación hoy representa la preocupación de miles de pacientes

Yo fui uno de esos niños que aprendió sus primeras letras gracias a doña Gladys. Ella me enseñó el abecedario, pero sobre todo me enseñó que un maestro deja una huella que permanece para toda la vida. Hoy me pregunto: ¿qué será de ella si necesita atención médica y el sistema que debe protegerla entra en una crisis?

Yo fui uno de esos niños que aprendió sus primeras letras gracias a doña Gladys. Ella me enseñó el abecedario, pero sobre todo me enseñó que un maestro deja una huella que permanece para toda la vida. Hoy me pregunto: ¿qué será de ella si necesita atención médica y el sistema que debe protegerla entra en una crisis?

Narrativa humana:

Da pena y vergüenza ver cómo personas que entregaron toda una vida al servicio de los demás pueden quedar en medio de una incertidumbre por decisiones que afectan algo tan esencial como la salud.

Mientras las administradoras de riesgos de salud (ARS) y los prestadores privados mantienen diferencias por tarifas y servicios, hay una realidad que no podemos perder de vista: detrás de cada afiliado existe una historia humana.

Y la historia de doña Gladys es una de ellas.

Una maestra jubilada que dedicó sus mejores años a educar niños, a enseñar las primeras letras, el abecedario y los valores que marcaron la vida de muchas generaciones.

Yo fui uno de esos niños que recibió sus enseñanzas. Con paciencia, dedicación y amor por la educación, nos ayudó a dar nuestros primeros pasos en el aprendizaje.

Pero su legado no quedó solamente en mi memoria.

También educó a otros niños que con los años alcanzaron grandes logros. Entre ellos recuerdo a Wilfrido Tejada, quien llegó a formar parte de los Leones del Escogido, además de tantos hombres y mujeres que hoy aportan al país gracias a maestros que entregaron su vida en las aulas.

El rostro humano de una crisis

Cuando hablamos de una crisis en los servicios de salud, muchas veces vemos cifras, comunicados y posiciones institucionales, pero pocas veces vemos los rostros de quienes pueden resultar afectados.

Ahí están los jubilados, los envejecientes, los pacientes con enfermedades crónicas y las familias que viven con la preocupación de no saber si recibirán a tiempo la atención que necesitan.

Por eso la pregunta sigue siendo inevitable:

¿Qué será de doña Gladys y de tantos ciudadanos que después de dedicar una vida entera a construir la sociedad hoy necesitan que esa misma sociedad los proteja?

La salud no puede ser vista solamente como un contrato, una tarifa o una negociación económica. La salud tiene nombre, tiene rostro y tiene una historia.

Los maestros como doña Gladys formaron generaciones completas. De sus aulas salieron profesionales, trabajadores, deportistas y ciudadanos que hoy hacen grandes aportes al país.

Ahora corresponde preguntarnos si estamos respondiendo con la misma responsabilidad cuando ellos llegan a una etapa donde necesitan apoyo y protección.

La solución a cualquier diferencia debe llegar mediante el diálogo, pero nunca debemos olvidar que en el centro de todo está el paciente.

Porque una sociedad que olvida a quienes educaron a sus hijos, también corre el riesgo de olvidar sus propios valores.