La Biblia advierte sobre el “yugo desigual”, pero también habla de hogares donde uno de los cónyuges no cree y de la influencia que puede ejercer la fe dentro de la familia.
He escuchado a personas no creyentes preguntar si un creyente puede casarse con alguien que no cree en Dios.
Y mi respuesta siempre ha sido que sí existen casos en los que una persona no creyente termina acercándose a la fe después de conocer, amar y compartir su vida con una persona creyente.
La vida tiene muchas historias.
Hay personas que están deprimidas.
Personas que se sienten vacías.
Personas que tienen una enorme necesidad de amor y también de encontrar algo espiritual que les dé sentido a sus vidas.
Y es ahí donde algunas historias comienzan de una manera que nadie imaginaba.
Un hombre o una mujer creyente conoce a una persona que no comparte su fe.
Comienzan a conversar.
Surge una amistad.
Después aparece el cariño.
Y en medio de esas conversaciones comienza a aparecer también la Palabra de Dios.
No necesariamente como una imposición.
Muchas veces simplemente como una conversación entre dos personas.
¿Por qué esta persona tiene esperanza?
Por qué habla de Dios de esa manera?
Por qué ora cuando enfrenta un problema?
Por qué me habla de amor cuando yo estaba acostumbrado a sentirme solo?
Ahí comienza una historia diferente.
Pero ¿qué dice la Biblia?
La Biblia sí habla directamente de esta situación.
El apóstol Pablo, en 1 Corintios 7, se refiere a matrimonios donde uno de los cónyuges cree y el otro no cree. Pablo explica que, si la persona no creyente acepta permanecer en el matrimonio, el creyente no debe abandonarla simplemente por esa diferencia de fe.
Y después plantea una pregunta que resulta muy profunda: ¿cómo sabes si podrás salvar a tu esposo o a tu esposa?
Es decir, Pablo reconoce que la conducta y la fe del creyente pueden tener una influencia espiritual dentro del hogar, pero no presenta la conversión de la pareja como una garantía.
También está el conocido pasaje de 2 Corintios 6:14, donde se advierte sobre unirse en “yugo desigual”.
Por eso hay que mirar las dos partes del tema.
Una cosa es que una pareja ya esté casada y posteriormente uno de los dos encuentre la fe.
Otra diferente es que una persona creyente decida comenzar deliberadamente una relación pensando: “me voy a casar con esta persona y después la voy a convertir”.
La Biblia no presenta la conversión como una estrategia matrimonial.
El amor también puede abrir una puerta