Perfilar a un sospechoso no significa declararlo culpable. Es analizar comportamientos, patrones, relaciones y circunstancias para orientar una investigación.
Una palabra que escuché en un documental
Hace unos días estaba viendo un documental de National Geographic relacionado con la seguridad aeroportuaria y el tráfico de cocaína.
En medio de la investigación apareció una palabra que llamó poderosamente mi atención: “perfilar”.
Los agentes hablaban de perfilar a un sospechoso.
Y entonces surgió la pregunta:
¿Qué significa realmente perfilar a una persona dentro de una investigación?
La pregunta me llevó a buscar el concepto en fuentes abiertas y a revisar cómo utilizan esta herramienta organismos de investigación criminal.
Y descubrí algo interesante: perfilar no es simplemente sospechar de alguien.
Es un proceso de análisis.
Perfilar no es acusar
Cuando hablamos de perfilar a un sospechoso, no estamos diciendo que esa persona haya cometido un delito.
El perfilamiento sirve para identificar características, comportamientos y patrones que pueden ayudar a los investigadores a orientar una investigación.
El FBI explica que lo que históricamente se conocía como profiling actualmente se denomina con mayor frecuencia behavioral analysis, o análisis conductual.
Esta disciplina estudia aspectos como la motivación del autor, la selección de víctimas, el nivel de sofisticación, sus acciones, la relación con el delito y la secuencia de acontecimientos.
Por eso existe una diferencia fundamental:
Un perfil genera una hipótesis.
La evidencia determina si esa hipótesis se sostiene o se descarta.
¿Qué busca un investigador cuando perfila?
Imaginemos una investigación criminal.
El investigador tiene un hecho, pero todavía no conoce completamente quién está detrás.
Entonces comienza a buscar patrones.
¿Cómo ocurrió el delito?
¿Dónde ocurrió?
¿Quién fue la víctima?
¿Qué características tenía el autor?
¿Qué método utilizó?
¿Repitió determinadas conductas?
¿Con qué personas se relacionaba?
¿Qué lugares frecuentaba?
¿Existe una conexión entre diferentes hechos?
Todas esas preguntas pueden contribuir a construir un perfil.
El objetivo es reducir la incertidumbre y orientar las líneas de investigación.
El caso del “Mad Bomber”
Uno de los ejemplos históricos más conocidos ocurrió en Nueva York.
Durante años, un hombre colocó bombas en distintos lugares de la ciudad.
La investigación no lograba identificarlo.
En 1956, la Policía recurrió al psiquiatra James Brussel.
Brussel analizó las cartas del atacante, sus objetivos y fotografías de las escenas de los delitos.
A partir de esa información elaboró un perfil.
Según la historia publicada por el FBI, el perfil resultó notablemente preciso y ayudó a orientar a los investigadores hacia George Metesky, quien posteriormente confesó.
Este caso se convirtió en uno de los antecedentes más conocidos del desarrollo del criminal profiling.
El FBI llevó el concepto mucho más lejos
Con el paso del tiempo, el FBI comenzó a desarrollar de manera más sistemática el análisis del comportamiento criminal.
En 1972 creó su Behavioral Science Unit, dedicada al estudio del comportamiento de delincuentes y sospechosos.
Posteriormente, esa evolución llevó al desarrollo de estructuras especializadas de análisis conductual.
Agentes como Howard Teten y Robert Ressler estudiaron casos y entrevistaron a delincuentes violentos para identificar patrones relacionados con sus métodos de actuación, motivaciones y antecedentes.
La idea era sencilla, aunque su aplicación fuera compleja:
comprender el comportamiento podía ayudar a comprender el delito.
Ted Bundy: estudiar el patrón de conducta
Otro ejemplo mencionado por el FBI es el caso de Ted Bundy.
Durante la búsqueda de Bundy, los investigadores analizaron su comportamiento y su M.O., o modus operandi.
El FBI explicó que Bundy buscaba víctimas en determinados lugares donde se reunían jóvenes, entre ellos universidades, playas, estaciones de esquí y discotecas.
También identificó determinadas características de las mujeres que seleccionaba.
Ese tipo de información permitió construir una descripción conductual que ayudó a las autoridades a entender mejor el patrón del fugitivo.
Pero nuevamente aparece la misma advertencia:
el patrón no era una sentencia.
Era información investigativa.
El Unabomber: también se puede perfilar a través de las palabras
Aquí encontramos uno de los ejemplos más interesantes.
Theodore Kaczynski, conocido como el Unabomber, logró permanecer durante años sin ser identificado.
El FBI estudió los ataques, los dispositivos y las circunstancias de los atentados.
Pero una parte fundamental de la investigación apareció cuando el atacante comenzó a comunicarse mediante cartas y escritos.
Sus palabras terminaron convirtiéndose en una fuente de información.
El FBI creó un perfil actualizado del atacante y analizó sus comunicaciones.
Cuando se publicó su manifiesto, el hermano de Kaczynski reconoció determinadas características de su escritura y entregó documentos a los investigadores.
El análisis lingüístico encontró coincidencias importantes entre esos documentos y el manifiesto.
Combinado con otros elementos de la investigación, ese análisis contribuyó a obtener una orden de registro. Posteriormente, Kaczynski fue arrestado en 1996.
Este caso demuestra algo fascinante:
para perfilar no siempre hay que observar físicamente a una persona.
También pueden analizarse sus palabras.
Perfilar también puede significar analizar información
En la actualidad, el concepto puede ir mucho más allá del perfil psicológico tradicional.
Un investigador puede analizar:
comportamiento;
relaciones;
lugares;
horarios;
comunicaciones obtenidas legalmente;
documentos;
actividades;
patrones financieros cuando corresponda;
fotografías;
publicaciones públicas;
registros disponibles;
conexiones entre personas y organizaciones.
Aquí es donde el OSINT adquiere especial importancia.
Las fuentes abiertas pueden ayudar a construir un mapa de relaciones y acontecimientos.
Una publicación puede conducir a una empresa.
Una empresa puede conducir a otra persona.
Una persona puede aparecer relacionada con determinado lugar.
Y ese lugar puede coincidir con otros acontecimientos.
Pero cada conexión debe ser verificada.
Una coincidencia no convierte a nadie en delincuente
Esta es probablemente la advertencia más importante de todo el artículo.
Supongamos que una persona aparece en una fotografía junto a alguien investigado.
Eso no demuestra que sea parte de una organización criminal.
Si dos personas viajaron al mismo país, tampoco significa necesariamente que estén involucradas en una actividad ilícita.
Si alguien aparece relacionado con una empresa investigada, todavía hay que determinar cuál era exactamente su relación.
Una coincidencia es una pista. No necesariamente es una prueba.
Por eso, un buen investigador debe buscar tanto información que confirme una hipótesis como información que pueda descartarla.
El peligro de perfilar por prejuicios
Perfilar tampoco debe convertirse en discriminación.
La apariencia física, nacionalidad, origen social, religión u otras características personales no deberían utilizarse como sustituto de evidencia objetiva.
El análisis criminal profesional debe apoyarse en conductas, hechos, patrones y datos relevantes para la investigación.
De lo contrario, el perfil puede transformarse en un prejuicio.
Y un prejuicio puede llevar a una investigación equivocada.
¿Entonces qué significa “perfilar”?
Después de revisar estos casos, podemos explicarlo de una manera sencilla:
Perfilar en una investigación significa analizar información relacionada con una persona, grupo, organización o hecho para identificar patrones, comportamientos, características y conexiones que puedan ayudar a orientar una investigación.
No significa condenar.
No significa acusar.
No significa que el investigador pueda “leer la mente” de un delincuente.
De hecho, el propio FBI advierte que los analistas conductuales no tienen una capacidad para entrar en la mente de los criminales como muchas veces muestran las películas; trabajan con investigación, experiencia y conocimientos especializados.
Del perfil a la evidencia
Aquí está la verdadera importancia del concepto.
Un perfil puede decir:
“Estas características son compatibles con determinado patrón.”
Pero la investigación tiene que continuar.
Después vienen las verificaciones.
Los documentos.
Los testimonios.
Los registros.
Los análisis forenses.
Las evidencias físicas.
Las comunicaciones obtenidas legalmente.
Los movimientos financieros cuando corresponda.
Y todos los demás elementos que permitan confirmar o descartar una hipótesis.
Por eso podemos resumirlo así:
PERFILAR → ORIENTAR → VERIFICAR → COMPROBAR
Ese debería ser el camino.
¿Por qué me llamó tanto la atención esta palabra?
Porque muchas veces escuchamos términos utilizados por investigadores, policías, fiscales o analistas y pensamos que conocemos su significado.
Pero cuando profundizamos descubrimos que detrás de una sola palabra existe toda una metodología.
Eso fue exactamente lo que me ocurrió con “perfilar”.
La escuché en un documental de National Geographic relacionado con el tráfico de drogas y quise entender qué había realmente detrás de esa expresión.
Y descubrí que perfilar no consiste simplemente en mirar a una persona y decidir que es sospechosa.
Consiste en buscar patrones.
Analizar información.
Establecer conexiones.
Formular hipótesis.
Y, sobre todo, comprobarlas con evidencia.
Una palabra que conviene entender
Así que la próxima vez que escuchemos en una investigación que los agentes están “perfilando a un sospechoso”, podemos entender que están tratando de construir una imagen investigativa basada en información y patrones.
Pero debemos recordar siempre la diferencia:
Un perfil puede orientar una investigación.
La evidencia es la que permite demostrar los hechos.
Observatorio Fundación RATT Dominicana
Investigación y análisis ORS5-RATT
Fuentes abiertas consultadas: FBI, Behavioral Analysis; FBI History; FBI Case Files y documentación del FBI sobre los casos del “Mad Bomber”, Ted Bundy y el Unabomber.