El desarrollo turístico de Pedernales genera esperanza para miles de familias, pero también plantea retos sociales que no deben pasar desapercibidos.
Durante muchos años, cuando se hablaba de desarrollo turístico en República Dominicana, pocas veces alguien miraba hacia Pedernales.
Mientras otras zonas del país crecían gracias a la llegada de visitantes e inversiones, esta provincia fronteriza continuaba esperando una oportunidad que parecía no llegar nunca.
Hoy la realidad comienza a ser diferente.
Las nuevas inversiones, la construcción de hoteles y la atención que ha despertado la belleza natural de la zona han colocado a Pedernales en el mapa de los grandes proyectos turísticos del país.
Para muchas familias esto representa una esperanza que durante décadas parecía lejana.
No es difícil entender por qué existe tanto entusiasmo.
En una de las regiones con mayores necesidades económicas, el turismo promete empleos, movimiento comercial y nuevas oportunidades para miles de personas.
Sin embargo, mientras observo todo lo que está ocurriendo en Pedernales, no puedo evitar pensar que el desarrollo también trae responsabilidades.
La historia de otros destinos turísticos demuestra que el crecimiento económico por sí solo no resuelve todos los problemas. En ocasiones, incluso puede abrir la puerta a nuevas amenazas cuando las comunidades más vulnerables no cuentan con suficiente protección.
Cuando el dinero comienza a circular y llegan miles de visitantes, aparecen personas dispuestas a aprovecharse de la necesidad de otros.
La pobreza, la falta de oportunidades y la vulnerabilidad social suelen convertirse en terreno fértil para delitos que afectan especialmente a mujeres, niños, niñas y adolescentes.
Pedernales tiene condiciones muy particulares.
Su ubicación fronteriza, la realidad económica de muchas familias y la cercanía con Haití obligan a mirar más allá de la construcción de hoteles y la llegada de turistas.
El desarrollo que hoy celebramos debe ir acompañado de educación, prevención y vigilancia.
No basta con crear empleos; también es necesario proteger a quienes podrían convertirse en víctimas de explotación o de redes criminales que suelen buscar espacios donde encuentran vulnerabilidad.
Sería lamentable que una provincia que durante tantos años esperó una oportunidad de crecimiento terminara enfrentando problemas que pudieron prevenirse desde el principio.
Pedernales merece prosperar. Merece que sus jóvenes encuentren empleo, que sus comunidades mejoren y que el turismo se convierta en una verdadera herramienta de desarrollo.
Pero también merece que el crecimiento llegue acompañado de protección, de valores y de un compromiso firme con la dignidad humana.
Porque el verdadero éxito no será la cantidad de turistas que lleguen cada año. El verdadero éxito será que el desarrollo transforme vidas sin dejar a nadie atrás.