Dos casos ocurridos en Estados Unidos y República Dominicana muestran cómo la confianza depositada en líderes religiosos terminó vinculada a presuntas inversiones fraudulentas con criptomonedas.
Hay historias que, cuando uno las lee por primera vez, parecen demasiado increíbles para ser ciertas. Pero cuando empiezas a investigar, descubres que no son hechos aislados, sino que siguen un mismo patrón.
En enero de 2024, los medios internacionales contaron la historia de Eli Regalado, un pastor de Colorado que aseguró haber recibido instrucciones de Dios para lanzar una criptomoneda llamada **Indexcoin>. La vendió a los miembros de su iglesia a través de una plataforma creada y administrada por su propia congregación.
Según las autoridades estadounidenses, más de 300 personas invirtieron en el proyecto y se recaudaron alrededor de 3.2 millones de dólares. El caso terminó en los tribunales.
Cuando conocí esa historia pensé que sería uno de esos casos difíciles de repetir en nuestro país. Sin embargo, apenas unos meses después apareció un expediente con elementos muy parecidos en República Dominicana.
En marzo de 2024 presentamos el caso de Summit Capital, una empresa que combinaba inversiones en criptomonedas con un discurso basado en la fe cristiana.
Los principales señalados fueron los pastores Denny Manuel García Castillo y Graciela Castillo, vinculados al Centro de Restauración Vida Eterna, en San Cristóbal.
De acuerdo con las denuncias, miembros de la congregación y familiares fueron convencidos de invertir sus ahorros e, incluso, de tomar préstamos bancarios con la promesa de obtener ganancias mensuales de entre un 5 % y un 6 %. En cualquier mercado financiero, una rentabilidad anual de entre un 60 % y un 72 % debería encender todas las alarmas.
Los inversionistas aseguran que esos beneficios nunca llegaron. Con el paso del tiempo comenzaron las denuncias y el caso terminó en la justicia, bajo la sospecha de que se trataba de un presunto esquema piramidal tipo Ponzi relacionado con criptomonedas.
Las querellas hablan de pérdidas por millones de pesos. Algunas superan los cuatro millones y otras rondan los dos millones, montos que representan el patrimonio y los sueños de familias completas.
Hay una diferencia entre ambos casos. En el expediente de Colorado se hablaba de un estilo de vida ostentoso. En el caso dominicano, los denunciantes no describían a los pastores como personas que exhibieran grandes lujos. Pero eso no cambia el fondo del asunto.
Lo verdaderamente importante es el patrón: cuando una inversión deja de sustentarse en datos verificables y empieza a apoyarse en la confianza absoluta que los creyentes depositan en un líder religioso, el riesgo se multiplica.
Hoy el proceso judicial contra los responsables de Summit Capital continúa en los tribunales de San Cristóbal. Será la justicia la que determine las responsabilidades penales.
Mientras tanto, ambos casos dejan una misma lección: la fe puede inspirar esperanza, pero nunca debe sustituir la debida diligencia cuando se trata de invertir dinero. La confianza espiritual no puede convertirse en un certificado automático de credibilidad financiera.