Un recorrido de observación y análisis OSINT reabre el debate sobre la protección de niños, niñas y adolescentes frente a la explotación sexual en zonas turísticas.
Hay conversaciones que suelo tener con jóvenes, padres y amigos que siempre terminan de la misma manera. Les digo que consumir pornografía nunca es un acto sin consecuencias, y cuando se trata de pornografía infantil, el daño es aún mayor. Detrás de cada imagen puede existir una víctima, una familia destruida y una organización criminal obteniendo beneficios. Hace unos días, después de recorrer varias zonas de Bávaro, esa convicción volvió a cobrar fuerza.
Lo que vimos en Bávaro preocupa
Durante años he dedicado parte de mi vida a la prevención de la trata y tráfico de personas. Esa experiencia me ha enseñado que muchas veces las redes criminales no operan escondidas en lugares remotos. En ocasiones están donde todos las ven, pero pocos se detienen a observar.
Con esa convicción realizamos un recorrido de observación por distintos sectores de Bávaro, incluyendo áreas cercanas a la playa y zonas de intensa actividad nocturna. No se trató de un operativo policial ni de una investigación judicial. Fue una jornada de observación realizada por el Observatorio Fundación RATT Dominicana, utilizando criterios de análisis de fuentes abiertas (OSINT), observación de campo y conversaciones con residentes y personas conocedoras de la dinámica del lugar.
Lo que escuchamos y observamos merece una profunda reflexión.
En varios puntos del recorrido encontramos una presencia constante de mujeres ofreciendo servicios sexuales. Algunos residentes y personas consultadas manifestaron su preocupación porque, según su percepción, entre ellas también habría adolescentes. Estas afirmaciones corresponden a testimonios y observaciones de campo; no constituyen una estadística oficial ni una conclusión definitiva del Observatorio, por lo que deben ser investigadas por las autoridades competentes.
Durante las conversaciones apareció repetidamente un término conocido en esos ambientes: «mapiolo», también llamado por muchos «chulo». Según los testimonios recogidos, se trata de personas que buscan clientes para mujeres en situación de prostitución, coordinan encuentros y, en algunos casos, ejercen control sobre ellas.
Si esas versiones fueran confirmadas mediante investigaciones oficiales, no estaríamos frente a casos aislados, sino ante estructuras que podrían facilitar distintas formas de explotación de personas.
Otro aspecto que llamó nuestra atención fue escuchar a algunos moradores expresar que estas actividades ocurren desde hace tiempo y que, según su percepción, forman parte del paisaje cotidiano. El Observatorio no puede confirmar esa apreciación, pero sí considera que cualquier señal de alerta debe ser atendida con seriedad por las instituciones responsables.
La preocupación no surge únicamente de lo observado durante este recorrido. Organismos internacionales como UNICEF han advertido que la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes continúa siendo un desafío para la República Dominicana, especialmente en algunos municipios turísticos. También han señalado que se trata de un delito difícil de medir, porque muchas víctimas permanecen en silencio por miedo, amenazas o manipulación.
Por eso siempre insisto en el mismo mensaje cuando converso con jóvenes.
Quien consume pornografía infantil no es un simple espectador. Está alimentando una cadena donde pueden existir abuso, violencia, coerción y graves violaciones de los derechos de un menor de edad. Detrás de un video o una fotografía puede haber una víctima que nunca tuvo la posibilidad de decidir.
Como presidente de la Fundación RATT Dominicana, considero que el país debe seguir fortaleciendo la prevención, la investigación criminal, la inteligencia, la cooperación entre instituciones y la protección integral de las víctimas. La tecnología también debe convertirse en una herramienta para combatir estas redes mediante análisis de fuentes abiertas, investigación digital y denuncias oportunas.
Nuestro recorrido por Bávaro no pretende señalar culpables ni emitir condenas. Ese papel corresponde al Ministerio Público y a los tribunales.
Lo que buscamos es hacer visible una preocupación y abrir un debate responsable sobre una realidad que no puede ser ignorada.
Porque cuando una sociedad normaliza aquello que debería indignarla, los criminales encuentran el terreno perfecto para seguir actuando.
Hoy más que nunca debemos preguntarnos:
¿Estamos haciendo todo lo necesario para proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes, o todavía hay realidades que preferimos no mirar?
La lucha contra la trata de personas y la explotación sexual no comienza con un arresto. Comienza cuando una sociedad decide dejar de guardar silencio, denunciar de forma responsable y proteger a quienes son más vulnerables.