Las redes criminales no solo comercian con seres humanos. También convierten el dolor de sus víctimas en negocios aparentemente legales. Pero ¿quién sigue el rastro de ese dinero?
Una pregunta formulada al finalizar una conferencia internacional abrió la puerta a una realidad que pocas veces se analiza: el destino del dinero generado por la trata y el tráfico de personas y la importancia de perseguir el patrimonio de las organizaciones criminales.
La ruta del dinero que casi nadie sigue
Hace algunos años tuve la oportunidad de participar como ponente en una conferencia sobre trata y tráfico de personas en la Universidad Rey Juan Carlos , invitado por la RATT Internacional. Durante mi exposición abordé uno de los delitos más crueles que enfrenta la humanidad: la trata y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes.
Al concluir la actividad, una persona que había estado entre el público se acercó para conversar.
Su primera pregunta fue directa, sencilla y, al mismo tiempo, profundamente reveladora.
—Todos hablan de la trata de personas, pero ¿qué hacen las redes criminales con el dinero que obtienen de la prostitución y de la explotación de las víctimas?
Por un instante guardé silencio.
No porque no conociera la respuesta, sino porque comprendí que aquella era una de las preguntas que menos se hacen cuando se habla de trata y tráfico de personas.
Le respondí que había hecho una excelente observación.
Le expliqué que las organizaciones criminales no acumulan grandes cantidades de dinero en efectivo debajo de un colchón.
Su objetivo es hacer desaparecer el origen ilícito de esas ganancias.
Para lograrlo, muchas invierten en negocios que, a simple vista, parecen completamente legales.
Salones de belleza.
Farmacias.
Supermercados.
Tiendas.
Clínicas de estética.
Restaurantes.
Empresas de servicios.
En esos establecimientos el dinero ilícito comienza a mezclarse con ingresos legítimos hasta que resulta cada vez más difícil distinguir cuál proviene de una actividad comercial y cuál fue generado mediante la explotación de seres humanos.
Mientras escuchaba la explicación, aquella persona volvió a interrumpirme.
—Entonces, ¿por qué casi siempre escuchamos hablar de capturas y condenas, pero muy pocas veces del dinero? ¿Será que a los tratantes les dejan quedarse con sus bienes? Porque cuando es un caso de drogas parece que les incautan hasta el perro de la casa…
Ambos reímos por la ocurrencia.
Pero detrás del comentario había una reflexión que merece toda la atención.
Durante años, gran parte de la conversación pública se ha concentrado en rescatar víctimas, capturar tratantes y obtener condenas judiciales. Todo eso es indispensable.
Sin embargo, pocas veces se habla de seguir la ruta del dinero.
Y sin dinero, ninguna organización criminal sobrevive.
En la República Dominicana, la Ley No. 137-03 sobre Tráfico Ilícito de Migrantes y Trata de Personas, modificada recientemente para fortalecer la persecución de estos delitos, incorpora mecanismos que permiten el decomiso de bienes y el ataque al patrimonio obtenido mediante estas actividades ilícitas. A ello se suma la Ley No. 340-22 sobre Extinción de Dominio, que crea un procedimiento para que el Estado pueda recuperar bienes cuyo origen o destino esté vinculado con actividades ilícitas, entre ellas la trata de personas y el lavado de activos.
En otras palabras, el combate contra estas redes no termina cuando un tratante entra a prisión.
También debe alcanzar el dinero, las propiedades, las empresas de fachada, las inversiones y todo el patrimonio construido sobre el sufrimiento de las víctimas.
No obstante, aún son escasos los casos conocidos públicamente en los que se informen grandes decomisos de bienes vinculados específicamente a organizaciones dedicadas a la trata y al tráfico de personas. Esa realidad plantea una pregunta que merece ser debatida por la sociedad.
¿Estamos golpeando realmente el corazón financiero de estas organizaciones?
Porque mientras las estructuras criminales conserven sus fortunas, seguirán teniendo capacidad para reclutar nuevas víctimas, abrir nuevos negocios, corromper voluntades y reconstruir sus redes.
Aquella conversación en la Cumbre en España terminó hace un año.
Sin embargo, la pregunta sigue vigente.
Tal vez ha llegado el momento de que, además de preguntar cuántos tratantes fueron arrestados, empecemos a preguntar cuánto dinero se les quitó, cuántos bienes fueron decomisados y cuántas empresas utilizadas para lavar activos dejaron de operar.
Porque seguir la ruta del dinero no solo permite descubrir cómo funciona el crimen organizado.
También puede ser la herramienta más efectiva para impedir que vuelva a enriquecerse con la dignidad y la libertad de otros.
En la próxima entrega del Observatorio Fundación RATT Dominicana analizaremos las principales rutas utilizadas por las organizaciones criminales para lavar activos provenientes de la trata y el tráfico de personas, y por qué seguir el dinero puede ser más efectivo que perseguir únicamente a los responsables.