La palabra que decidió quién vivía y quién moría en 1937

Una simple palabra podía marcar la diferencia entre la vida y la muerte. La Matanza del Perejil sigue siendo una de las heridas más profundas de la historia dominicana y haitiana

Casi 90 años después, la Matanza del Perejil continúa generando preguntas sobre uno de los episodios más dolorosos ocurridos en la frontera entre República Dominicana y Haití.

La mujer caminaba sin mirar hacia atrás.


Llevaba a uno de sus hijos tomado de la mano y al otro cargado en brazos. No sabía exactamente hacia dónde iba. Solo sabía que tenía que alejarse.


A su alrededor, otras familias hacían lo mismo.


Algunos corrían hacia el monte. Otros intentaban cruzar el río. Muchos simplemente desaparecieron.


Aquella escena se repitió en distintos puntos de la frontera durante octubre de 1937, cuando una decisión tomada desde el poder terminó cambiando para siempre la vida de miles de personas.


Hoy, casi nueve décadas después, la historia sigue provocando dolor, debate y preguntas que todavía no encuentran respuestas definitivas.

En los primeros días de octubre de 1937, el miedo se extendió por comunidades de la frontera dominico-haitiana. Familias enteras abandonaron sus hogares, campesinos se ocultaron en los montes y muchas personas intentaron escapar sin saber exactamente qué estaba ocurriendo.

Lo que comenzó como una decisión tomada desde el poder terminó convirtiéndose en uno de los episodios más oscuros de la historia dominicana: la llamada Matanza del Perejil.

¿Qué ocurrió en octubre de 1937?


La Matanza del Perejil fue una operación ejecutada durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo contra haitianos y personas de ascendencia haitiana que residían en comunidades cercanas a la frontera entre República Dominicana y Haití.

Los hechos ocurrieron principalmente entre el 2 y el 8 de octubre de 1937, aunque sus consecuencias se extendieron mucho más allá de esos días.


Historiadores y organismos internacionales coinciden en que miles de personas murieron durante la operación. Sin embargo, la cifra exacta sigue siendo objeto de debate debido a la falta de registros precisos y al control de la información durante la dictadura.


Algunas investigaciones sitúan el número de víctimas entre 9,000 y 30,000 personas.

¿Quién ordenó la matanza?


La responsabilidad histórica recae sobre el régimen de Rafael Leónidas Trujillo, quien gobernó República Dominicana entre 1930 y 1961.

Diversos estudios históricos sostienen que la operación fue impulsada como parte de una política destinada a reforzar el control de la frontera y reducir la presencia haitiana en determinadas zonas del país.


En aquella época, miles de haitianos trabajaban en actividades agrícolas y comerciales a ambos lados de la frontera, donde las relaciones entre comunidades eran frecuentes y muchas familias compartían vínculos culturales y económicos.

El origen de la palabra que dio nombre a la tragedia

Décadas después, una palabra continúa asociada a aquellos acontecimientos.
«Perejil».


Según numerosos testimonios recopilados por investigadores, soldados pedían a algunas personas pronunciar esa palabra.
La forma de decirla era utilizada para intentar identificar a quienes tenían origen haitiano.


Con el paso de los años, esta historia se convirtió en uno de los símbolos más conocidos de la tragedia y terminó dando nombre al episodio que hoy aparece en libros, documentales y estudios históricos

Las víctimas tenían nombre, familia y sueños

Detrás de las cifras existen historias humanas.
La mayoría de las víctimas no eran militares ni figuras políticas.


Eran agricultores que trabajaban la tierra, comerciantes que cruzaban la frontera para vender sus productos, madres que cuidaban de sus hijos y familias que llevaban años construyendo una vida en comunidades fronterizas.


Muchos nunca imaginaron que una decisión política terminaría afectando su destino.
Por eso, para historiadores y defensores de los derechos humanos, la tragedia no puede reducirse únicamente a estadísticas.


Cada víctima representó una vida interrumpida y una familia marcada para siempre.

El silencio que siguió a la tragedia

Tras los acontecimientos, el miedo y el control ejercido por la dictadura dificultaron que se hablara abiertamente sobre lo ocurrido.


Durante años, numerosos testimonios permanecieron ocultos.


Solo después de la caída del régimen comenzaron a publicarse investigaciones más amplias que permitieron reconstruir parte de la historia y conocer relatos de sobrevivientes.


Aun así, muchos detalles se perdieron con el paso del tiempo.

Una herida que sigue presente

Casi nueve décadas después, la Matanza del Perejil continúa siendo un tema sensible en las relaciones entre República Dominicana y Haití.


También forma parte de los debates sobre migración, identidad nacional, derechos humanos y memoria histórica.


Para algunos representa una advertencia sobre los peligros del odio y la discriminación.


Para otros, es una tragedia que aún no ha sido comprendida en toda su dimensión.


Lo cierto es que sigue siendo uno de los acontecimientos más estudiados de la historia contemporánea de la isla

¿Por qué sigue siendo importante recordar?


Porque las tragedias más profundas no ocurren de un día para otro.


Suelen comenzar cuando el miedo, los prejuicios y las decisiones políticas se imponen sobre la dignidad humana.


La Matanza del Perejil permanece en la memoria histórica no solo por la cantidad de víctimas que dejó, sino por las lecciones que todavía ofrece a las nuevas generaciones.
Comprender lo que ocurrió en 1937 no cambia el pasado.


Pero sí puede ayudar a evitar que hechos semejantes vuelvan a repetirse.


Y quizás esa sea la razón por la que, casi 90 años después, la historia de aquellos días continúa despertando preguntas, emociones y reflexiones a ambos lados de la frontera.