Antes de convertirse en uno de los humoristas más queridos del país, Luisito Martí ya era una figura popular de la música dominicana. En mi casa, sin embargo, su nombre tenía una historia muy particular.
Durante años escuché la misma broma. Cada vez que alguien mencionaba a Luisito Martí, mi madre sonreía y decía que aquel artista era mi verdadero padre. No porque se hubieran conocido antes de que yo naciera, ni porque fueran amigos o vecinos. La explicación era mucho más simple: según ella, yo había heredado una nariz demasiado parecida a la del famoso cantante y humorista.
De muchacho nunca le di mucha importancia. Pero con el tiempo entendí que aquella ocurrencia escondía otra realidad. Mi madre admiraba profundamente a Luisito Martí desde mucho antes de que se convirtiera en Balbuena, el personaje que lo llevó a la inmortalidad en el humor dominicano. Ella lo conoció primero como cantante, cuando todavía construía su nombre en los escenarios musicales del país.
Para muchos dominicanos de las nuevas generaciones, Luisito Martí es recordado por Balbuena, por sus películas y por sus personajes humorísticos. Sin embargo, antes de conquistar la televisión y el cine, ya había logrado éxito como músico y cantante, convirtiéndose en una figura popular de la década de los setenta y ochenta.
Quizás por eso su historia resulta tan singular. Pocos artistas dominicanos lograron triunfar con igual fuerza en la música, el humor, la televisión, el cine y la producción artística. Luisito Martí no fue solamente un comediante exitoso. Fue uno de esos raros talentos capaces de reinventarse varias veces sin perder el cariño del público.