Qué ocurre cuando un miembro es sacado de la congregación, por qué los demás limitan la relación social y qué dicen realmente las normas sobre familiares y amigos.
Hay investigaciones que comienzan con un documento.
Esta comenzó con una pregunta.
Hace un tiempo, mientras veía un documental sobre los Testigos de Jehová, hubo una parte que me llamó especialmente la atención: qué ocurre cuando un miembro de esta organización religiosa comete una falta considerada grave y termina siendo expulsado de la congregación.
Lo que se mostraba era una situación difícil de imaginar para quien está fuera de esa comunidad.
Una persona que durante años compartió reuniones, actividades religiosas, amistades y vínculos con otros miembros podía terminar prácticamente separada de ese círculo.
Y entonces surgió la pregunta:
¿Realmente ocurre así?
No quise quedarme con lo que decía el documental.
Decidí buscar las respuestas en las propias publicaciones de los Testigos de Jehová y contrastarlas con otras fuentes.
El resultado es más complejo de lo que parece.
¿Qué significa ser expulsado?
Los Testigos de Jehová utilizan actualmente la expresión “ser sacado de la congregación”.
Según su explicación oficial, cuando un miembro bautizado comete un pecado grave y se niega a cambiar, los ancianos pueden tomar la decisión de sacarlo de la congregación.
La organización menciona entre las conductas que pueden llevar a esa medida el adulterio, la borrachera, el asesinato, la violencia doméstica y el robo. Antes de llegar a la expulsión, los ancianos dicen que intentan ayudar a la persona para que cambie y se arrepienta.
Cuando finalmente se toma la decisión, se anuncia a la congregación que la persona ya no es Testigo de Jehová.
Aquí aparece el punto que despertó mi interés inicial.
¿Qué pasa después?
La propia organización explica que sus miembros deben dejar de relacionarse socialmente con una persona que ha sido sacada de la congregación.
Su fundamento es 1 Corintios 5:11, donde se indica que los cristianos no deben asociarse con determinada persona ni siquiera comer con ella.
Por eso, no sería correcto afirmar que el aislamiento social es simplemente un invento de antiguos miembros o de documentales.
La propia organización reconoce que existe una separación social.
Pero hay una diferencia importante.
Los Testigos de Jehová dicen que eso no significa ignorar completamente a la persona.
Según su explicación actual, quien fue expulsado puede asistir a las reuniones y los presentes pueden saludarlo. También puede pedir ayuda espiritual a los ancianos.
Es decir, existe una diferencia entre:
no mantener una relación social normal
y
no hablarle nunca bajo ninguna circunstancia.
Esa diferencia es importante para contar los hechos con precisión.
¿Y qué ocurre con la familia?
Aquí encontramos una de las partes más delicadas de esta investigación.
Imaginemos una familia.
Un matrimonio.
Dos hijos.
Una casa.
Y uno de los padres es expulsado.
¿La esposa tiene que abandonar a su esposo?
¿Los hijos tienen que dejar de hablar con su padre?
La respuesta oficial actual de los Testigos de Jehová no dice eso de manera general.
La organización explica que si una persona es sacada de la congregación y su esposa y sus hijos pequeños continúan siendo Testigos, los lazos familiares se mantienen.
Si viven en la misma casa, la relación normal entre esposos y entre padres e hijos continúa.
Esto es fundamental.
Porque una investigación seria no puede convertir una experiencia particular en una regla general.
Por tanto, no podemos afirmar que los Testigos de Jehová ordenen automáticamente a una esposa abandonar a su esposo expulsado o a los hijos romper toda relación con su padre.
Pero eso tampoco significa que la expulsión no pueda producir una profunda ruptura familiar.
Cuando la disciplina entra en la casa
La propia organización reconoce que la expulsión puede ser especialmente dolorosa cuando se trata de un amigo, un familiar o alguien muy cercano.
En una publicación oficial de 2015, los Testigos contaron la historia de un padre cuyo hijo fue expulsado.
El padre relata que él y su hijo eran muy unidos. Cuando se anunció ante la congregación que el joven ya no era Testigo de Jehová, la familia quedó profundamente afectada. Su esposa lloraba y ambos padres se preguntaban qué habían hecho mal.
Este testimonio resulta revelador por una razón:
la propia organización reconoce que la expulsión puede producir dolor dentro de una familia.
La diferencia está en la interpretación.
Para los Testigos, la expulsión es una forma de disciplina basada en su interpretación de las Escrituras.
Para una persona expulsada, la experiencia puede sentirse como pérdida de comunidad, amistades y vínculos que durante años formaron parte de su vida.
Son dos perspectivas diferentes sobre un mismo hecho.
¿Por qué los Testigos defienden esta práctica?
La explicación oficial es clara.
Los Testigos sostienen que la medida sirve para mantener las normas morales de la congregación, evitar una influencia negativa y ayudar a que la persona comprenda la gravedad de su conducta.
La organización no presenta la expulsión como un simple castigo.
La presenta como una medida que puede conducir al arrepentimiento.
De hecho, sus publicaciones hablan de la posibilidad de que la persona regrese posteriormente a la congregación.
Cuando alguien demuestra arrepentimiento y cambia su conducta, puede solicitar volver. La organización sostiene que los miembros deben recibirlo con perdón y consuelo.
Por eso, desde el punto de vista doctrinal de los Testigos, el objetivo final no sería necesariamente perder a la persona.
Sería conseguir que regrese.
Pero existe otra palabra: “desasociación”
Durante la investigación encontré otro elemento que puede generar confusión.
No todas las personas que dejan de pertenecer a los Testigos de Jehová son expulsadas.
También existe la desasociación, que ocurre cuando una persona decide renunciar voluntariamente a su condición de miembro.
La propia literatura de la organización diferencia entre quienes son sacados de la congregación y quienes se desasocian voluntariamente.
Esto es importante porque, cuando se habla públicamente de “ex-Testigos”, pueden existir historias muy diferentes detrás de esa expresión.
Una persona pudo haber sido expulsada.
Otra pudo haber renunciado.
Otra simplemente pudo haber dejado de asistir.
No son necesariamente la misma situación.
Una práctica que viene de décadas atrás
La cuestión tampoco nació en los últimos años.
La propia literatura de los Testigos contiene publicaciones antiguas sobre cómo tratar a una persona expulsada y hace referencia a instrucciones publicadas décadas atrás, incluyendo materiales de 1981 y 1988 sobre la relación con familiares expulsados.
Esto significa que para comprender realmente esta práctica no basta con mirar las normas actuales.
Hay que estudiar su evolución histórica.
Y aquí aparece otra línea de investigación que considero especialmente importante: ¿qué cambió entre las instrucciones de las décadas de 1970 y 1980 y las normas que los Testigos presentan actualmente?
Porque una organización religiosa puede mantener el mismo principio general y, al mismo tiempo, modificar la manera en que se aplica.
Una religión, una comunidad y una decisión que puede cambiarlo todo
Cuando uno observa esta situación desde fuera, puede preguntarse:
¿Cómo puede una decisión religiosa llegar a afectar las relaciones personales?
Pero quizás la pregunta correcta sea otra:
¿Qué ocurre cuando la pertenencia a una comunidad religiosa forma parte de prácticamente toda la vida social de una persona?
Ahí es donde la expulsión adquiere otra dimensión.
Porque no estamos hablando solamente de dejar de asistir a una reunión.
Estamos hablando de personas que pueden haber construido dentro de esa comunidad sus amistades, sus relaciones familiares, sus actividades y buena parte de su identidad social.
Por eso la separación puede sentirse de manera muy diferente dependiendo de la persona y de su situación familiar.
Lo que dicen los documentos y lo que no podemos afirmar
Después de revisar las fuentes, hay varias conclusiones que considero importantes.
Sí está documentado que los Testigos de Jehová sacan de la congregación a determinados miembros que, según sus normas, cometen pecados graves y no se arrepienten.
Sí está documentado que los miembros deben evitar la asociación social con quienes han sido sacados de la congregación.
Sí está documentado que la propia organización reconoce que una expulsión puede resultar especialmente dolorosa cuando afecta a familiares o amigos.
Pero también está documentado que la posición oficial actual mantiene los vínculos familiares normales cuando el expulsado continúa viviendo con su esposa e hijos que siguen siendo Testigos.
Por eso sería incorrecto presentar como una regla absoluta que:
“Los Testigos obligan a los hijos a abandonar a su padre expulsado”.
Las fuentes oficiales que hemos revisado no respaldan esa afirmación como regla general.
La pregunta que queda abierta
Después de investigar esta primera parte, me quedo con una pregunta que considero mucho más interesante que cualquier titular sensacionalista.
¿Dónde termina la disciplina religiosa y dónde comienza el aislamiento social?
Los Testigos de Jehová tienen una explicación bíblica para su práctica.
La organización sostiene que se trata de una medida necesaria para proteger la congregación y ayudar al pecador a arrepentirse.
Pero para investigar completamente el fenómeno necesitamos escuchar también a quienes estuvieron del otro lado de esa decisión.
¿Qué sintió una persona cuando dejó de ser reconocida como miembro?
¿Qué pasó con sus amigos?
¿Qué ocurrió con sus padres, hermanos, hijos o pareja?
¿La experiencia fue igual para todos?
¿Las normas cambiaron con el tiempo?
Y una pregunta todavía más profunda:
¿Puede una medida concebida como disciplina terminar produciendo aislamiento social?
Estas preguntas no se responden solamente con una publicación religiosa.
Necesitan documentos históricos, testimonios, investigaciones académicas y, sobre todo, trazabilidad.
Por eso esta investigación continuará.
Investigación ORS5RATT
Este trabajo forma parte de una investigación del Observatorio Fundación RATT Dominicana, utilizando la metodología ORS5RATT, con recopilación de información de fuentes abiertas, análisis, trazabilidad y contraste.
La primera etapa permite establecer algo importante: la práctica de separar socialmente a una persona expulsada existe y está reconocida por los propios Testigos de Jehová; sin embargo, la afirmación de que una esposa o unos hijos deban romper automáticamente toda relación con un familiar expulsado no coincide con la posición oficial actual que encontramos en sus propias fuentes.
La segunda etapa debe ir más lejos: reconstruir históricamente las reglas de expulsión desde las décadas de 1970 y 1980, comparar sus cambios y examinar testimonios y estudios externos sobre las consecuencias humanas del llamado shunning.
Porque detrás de cualquier norma religiosa siempre hay algo que no podemos olvidar:
personas.
Y cuando una persona queda fuera de la comunidad en la que vivió durante años, la pregunta ya no es solamente qué dice una regla.
La pregunta es:
¿qué queda después del silencio?
Fuentes consultadas