Entre Villa Juana, Villa Consuelo y San Carlos, el calor sigue ahí… pero las esquinas donde se vendía el guayao ya no son las mismas.
Había un sonido que el barrio reconocía sin mirar.
El hielo rompiéndose.
Y una voz detrás que lo anunciaba todo:
“¡Frío frío… frío frío!”
En Villa Juana, Villa Consuelo, San Carlos…
cada esquina tenía su ritmo.
Pero cuando llegaba el calor fuerte de la tarde, había algo que unía a todos por un momento: el frío frío.
No era un lujo.
No era un producto de vitrina.
Era calle pura.
Un triciclo sencillo, a veces de madera, a veces de metal gastado, llegaba empujando el calor.
Un bloque de hielo envuelto en sacos.
Un rallador.
Y botellas recicladas llenas de colores intensos.
Mabi.
Guayaba.
China.
Uva.
Y aquel coco que siempre parecía el favorito del barrio.
El hielo se guayaba en el momento.
Caía como nieve tropical en un vaso plástico.
Y encima, el sirope lo convertía en algo que no era solo bebida… era alivio.
EL BARRIO SE DETENÍA
Cuando el frío frío llegaba a la esquina, todo cambiaba.
Los niños corrían.
Las madres buscaban monedas.
Los colmados bajaban el ritmo.
Y el calor, por unos minutos, perdía la pelea.
No era solo refresco.
Era un punto de encuentro sin anunciarse.
Era el barrio compartiendo algo simple.
EL GUAYAO DE ANTES
En algunos barrios le decían guayao.
Porque el hielo no se picaba.
Se “guayaba”.
Y ese sonido… ese sonido era parte del paisaje urbano.
No había redes sociales.
No había celulares grabando.
Pero todos sabían cuándo llegaba.
EL VACÍO DE HOY
Hoy camino por esas mismas calles.
Villa Juana.
San Carlos.
Villa Consuelo.
Y algo no encaja del todo.
Las esquinas siguen ahí.
El calor sigue igual.
Pero el triciclo ya no aparece.
El grito ya no se escucha.
El hielo ya no cae.
El barrio cambió sin avisar.
No sé quién inventó el frío frío.
Probablemente nadie en particular.
Porque estas cosas no nacen de una sola persona… nacen de un país entero intentando sobrevivir al calor con lo que tiene.
El frío frío no era solo hielo.
Era una pausa en la vida del barrio.
Un momento simple.
Una memoria colectiva.
Y aunque hoy ya casi no se vea en las esquinas…
todavía hay días en que el calor lo trae de vuelta en la memoria.