Cuando Fernandito sonaba en cada esquina de Villa Consuelo

A mis 13 años, «Tabaco y Ron» salía de los colmados, los carros públicos y las casas del barrio. Mientras el país hablaba de los problemas de Fernando Villalona, su música parecía sonar más fuerte que nunca.

Hay canciones que te devuelven a un barrio

Todavía hoy escucho los primeros acordes de «Tabaco y Ron» y regreso de inmediato a Villa Consuelo.

No vuelvo a una fecha.

Vuelvo a una época.

Tenía apenas 13 años y el barrio parecía tener una sola banda sonora.

La voz de Fernando Villalona salía de los colmados, de las cafeterías, de los carros públicos y de las casas con las ventanas abiertas.

Uno caminaba una esquina y escuchaba a Fernandito.

Doblaba la siguiente y seguía sonando.

Era como si todo el barrio estuviera conectado por la misma canción.

El artista del que todo el mundo hablaba

Aquellos años no fueron fáciles para Fernando Villalona.

Las noticias sobre sus problemas personales y su relación con las drogas ocupaban conversaciones en las calles, en los programas de radio y en los periódicos.

Sin embargo, ocurría algo que siempre me llamó la atención.

Mientras más se hablaba de sus problemas, más sonaban sus canciones.

Parecía una contradicción.

Pero era la realidad.

El país entero comentaba las noticias y, al mismo tiempo, seguía cantando sus merengues.

Muchos años después veríamos fenómenos parecidos con otros artistas. Pero en aquellos días, Fernandito era un caso aparte.

Era una estrella que ya vivía en el corazón del pueblo.

Villa Consuelo también tenía su propia música

Cuando recuerdo aquella etapa, no pienso únicamente en una canción.

Pienso en la vida del barrio.

Los vendedores ambulantes.

Los muchachos jugando pelota en la calle.

Los vecinos sentados en las aceras cuando caía la tarde.

Los colmados llenos de gente comentando la noticia del día.

Y siempre, de fondo, una bocina sonando.

En aquellos tiempos no existían plataformas digitales.

La música viajaba de persona a persona.

De casa en casa.

De esquina en esquina.

Por eso cuando una canción pegaba de verdad, se convertía en parte del paisaje.

Y «Tabaco y Ron» era una de esas canciones.

El Mayimbe ya era un fenómeno popular

Fernando Villalona no era simplemente un cantante de moda.

Era uno de los artistas más importantes de la música popular dominicana.

Su voz sonaba en las fiestas familiares, en los centros de diversión, en las emisoras y en cualquier actividad donde hubiera dominicanos reunidos.

La gente admiraba su talento.

Pero también seguía cada capítulo de su vida personal.

Por eso su historia trascendía la música.

Fernando Villalona era noticia y espectáculo al mismo tiempo.

Lo que realmente recuerdo

Con los años he olvidado muchas cosas.

He olvidado fechas.

He olvidado nombres.

He olvidado conversaciones.

Pero no he olvidado aquella sensación de caminar por Villa Consuelo y escuchar la misma canción saliendo de todas partes.

Es curioso cómo funciona la memoria.

A veces una canción logra conservar mejor una época que cualquier fotografía.

Escuchar «Tabaco y Ron» hoy es volver a encontrarme con aquel adolescente de 13 años que recorría las calles del barrio sin imaginar que décadas después seguiría recordando aquella música.

Cuando una canción deja de ser una canción

Quizás esa sea la verdadera grandeza de ciertos artistas.

Llega un momento en que sus canciones dejan de pertenecerles.

Pasan a formar parte de la vida de la gente.

Por eso cuando pienso en Fernando Villalona no recuerdo primero los discos vendidos ni los escenarios llenos.

Recuerdo las esquinas de Villa Consuelo.

Recuerdo los colmados.

Recuerdo la voz del Mayimbe sonando desde algún radio lejano.

Y recuerdo un país entero que, para bien o para mal, nunca dejó de escuchar a Fernandito.