Durante años he visto a miles de dominicanos apostar a la suerte con la esperanza de resolver sus problemas económicos, mientras el negocio del juego sigue creciendo en cada barrio del país.
La banca de lotería que nunca pierde
Cada vez que escucho hablar de impuestos, reformas o planes económicos, me hago la misma pregunta: ¿por qué el negocio de las apuestas siempre parece salir bien parado?
Leía recientemente sobre las modificaciones realizadas a un proyecto económico donde se reducía el alcance de un impuesto que inicialmente afectaría los premios de lotería y apuestas. Más allá de la discusión política, eso me hizo recordar algo que he visto durante toda mi vida.
Desde muchacho he observado las bancas de lotería en nuestros barrios. Recuerdo que en muchas esquinas había una colmado, una farmacia y una banca. Hoy, en algunos sectores, parece que hay más bancas que negocios dedicados a producir bienes o servicios.
Siempre me llamó la atención ver personas haciendo fila desde temprano. Algunos acababan de cobrar, otros iban camino al trabajo y muchos llegaban con la misma frase: «hoy sí me pego».
No los juzgo.
Porque conozco la realidad dominicana.
Sé lo que significa llegar a fin de mes con dificultades. Sé lo que representa tener una deuda pendiente o una necesidad urgente en la casa. Cuando una persona siente que las oportunidades son pocas, la suerte comienza a parecer una alternativa.
Ahí está el verdadero éxito del negocio del juego: vender esperanza.
Una escena que se repite todos los días
Todavía hoy, cuando camino por algunos sectores populares, veo la misma escena.
Personas consultando números, revisando resultados y buscando combinaciones para el próximo sorteo.
Lo curioso es que casi todos conocen a alguien que ganó una vez, pero pocos hablan de las cientos de veces que perdieron.
La ilusión del premio sigue viva porque alimenta el sueño de cambiar la realidad de un solo golpe.
El dinero que desaparece poco a poco
Muchas veces escuchamos que son apenas cincuenta o cien pesos.
Pero cuando esos cincuenta pesos salen todos los días del bolsillo de una familia durante años, la historia cambia.
No parece mucho en el momento, pero sí cuando se suman meses y años de apuestas.
He conocido personas que gastaron más dinero persiguiendo la suerte que el que alguna vez lograron ganar.
Y aun así siguen jugando.
Porque ya no se trata solamente de dinero. Se trata de la esperanza.
La pregunta que debemos hacernos
No me preocupa que alguien gane un premio.
Al contrario, me alegra cuando una persona mejora su situación económica.
Lo que me preocupa es que miles de dominicanos sigan viendo en la lotería una posibilidad más real que el ahorro, el emprendimiento o el trabajo productivo.
Mientras discutimos impuestos y reformas, quizás deberíamos debatir algo más profundo.
¿Por qué tantas personas sienten que la única oportunidad de cambiar su vida depende de un número?
Esa es una pregunta que ningún sorteo puede responder.