Faride Raful enfrenta el reto de transformar la cultura policial

La advertencia de la ministra Faride Raful sobre sancionar a los agentes que violen la ley abre un debate más profundo: la necesidad de cambiar una cultura institucional donde algunos ciudadanos todavía denuncian abusos y prácticas indebidas.

La responsabilidad policial no puede quedarse solo en el discurso

Con mucha valentía, la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, habló sobre la responsabilidad que debe caer sobre cualquier agente policial que actúe fuera de la ley. Su mensaje es importante porque una institución encargada de proteger a la ciudadanía debe ser la primera en respetar las normas que está llamada a defender.

Pero también surge una pregunta necesaria: ¿qué vamos a hacer con esa cultura que todavía permanece dentro de algunos sectores de la Policía Nacional, donde ciertos agentes continúan viendo al ciudadano como un «civilazo», una expresión que muchos dominicanos han escuchado en las calles y que refleja una distancia entre la autoridad y la población?

La transformación policial no solamente debe enfocarse en castigar al agente que comete una falta. También debe enfrentar las prácticas internas que durante años han debilitado la confianza ciudadana.

Faride Raful: «Si un agente policial actuó mal, tendrá que responder ante la ley»

La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, afirmó que ningún miembro de la Policía Nacional está por encima de la ley y que todo agente que incurra en una actuación contraria al orden jurídico debe responder por sus actos.

Durante la reunión semanal de la Fuerza de Tarea de Seguridad Ciudadana, encabezada por la vicepresidenta Raquel Peña, Raful señaló que la transformación policial busca fortalecer la supervisión, transparencia y rendición de cuentas dentro de la institución.

«Si la Policía actuó mal, tiene que tener una sanción», expresó la funcionaria, al reiterar que el Gobierno no apoyará actuaciones ilegales ni permitirá impunidad dentro de las filas policiales.

El verdadero desafío: cambiar una cultura institucional
El anuncio de sanciones representa un paso necesario, pero la reforma policial enfrenta un desafío más profundo: cambiar una cultura que durante décadas ha generado desconfianza entre ciudadanos y agentes.
La pregunta que muchos ciudadanos se hacen es cómo lograr una verdadera transformación si todavía existen denuncias de prácticas irregulares en diferentes áreas del Estado relacionadas con servicios públicos y procesos administrativos.
Algunos ciudadanos denuncian que existen personas dentro de instituciones públicas que buscan beneficios económicos para agilizar trámites, incluyendo procesos relacionados con documentación de extranjeros o gestiones administrativas vinculadas a permisos y licencias.
Estas prácticas, de comprobarse, no solo afectan la imagen de una institución específica, sino que dañan la confianza en todo el sistema público.

La reforma debe comenzar desde adentro
Una Policía profesional no se construye solamente con nuevos reglamentos, equipos o entrenamientos. También necesita controles internos fuertes, mecanismos de denuncia efectivos y una cultura donde el ciudadano sea visto como la razón de ser del servicio público.
La reforma policial planteada por el Gobierno busca fortalecer los protocolos de evaluación, regular el uso de la fuerza y mejorar los controles sobre los agentes. Sin embargo, la transformación real dependerá de que exista voluntad para revisar todas las estructuras donde puedan existir prácticas contrarias a la ética pública.
La limpieza institucional debe comenzar por la propia casa.

La declaración de Faride Raful abre una oportunidad para discutir una reforma que vaya más allá del uniforme y llegue hasta la mentalidad institucional.

Una Policía cercana a la gente no puede mirar al ciudadano como enemigo ni como una oportunidad para obtener beneficios indebidos. La autoridad debe estar acompañada de respeto, transparencia y responsabilidad.

Desde el Observatorio Fundación RATT Dominicana entendemos que la seguridad ciudadana comienza con instituciones fuertes, pero también con instituciones honestas. La transformación debe empezar por quienes tienen la responsabilidad de proteger a la sociedad.