Cuando el Estado y la sociedad civil trabajan por separado, se pierde una oportunidad para fortalecer la prevención y proteger a más víctimas.
Siempre que veo una capacitación sobre trata de personas organizada por una institución del Estado, hay algo que me llama la atención. No es el contenido, porque sé que estas formaciones son necesarias. Lo que me preocupa es otra cosa: la poca participación de las organizaciones no gubernamentales que llevamos años trabajando en la prevención de este delito.
La reciente jornada organizada por la Policía Nacional y el Ministerio Público, donde se analizaron los protocolos de actuación del primer respondiente, la recepción de denuncias, la valoración del riesgo, la preservación de evidencias y la coordinación interinstitucional, demuestra que las autoridades continúan fortaleciendo sus capacidades para enfrentar las desapariciones y la trata de personas.
Eso hay que reconocerlo.
También es justo reconocer el trabajo que realizan oficiales especializados y representantes del Ministerio Público que, durante años, han asumido con responsabilidad la lucha contra este crimen. Ahí estuvo la coronel Francia, una oficial comprometida con estos casos. También la magistrada Béjaran, cuya trayectoria demuestra el esfuerzo que realiza desde el Ministerio Público. A ellos hay que reconocerles su trabajo.
Pero siempre me hago la misma pregunta.
¿Por qué las organizaciones especializadas en trata de personas casi nunca somos invitadas a estos espacios?
Y quiero dejar algo claro. No estoy diciendo que las instituciones estén haciendo un mal trabajo. Todo lo contrario. Lo que digo es que la lucha contra la trata de personas puede ser mucho más fuerte si todos los actores trabajan juntos.
Muchas personas creen que cuando insisto en este tema estoy obsesionado con que las ONG participen en estas capacitaciones.
No es obsesión.
Es una necesidad.
¿Por qué digo esto?
Porque las organizaciones sociales también estamos en la calle. Claro, la Policía Nacional está en las calles haciendo su trabajo, investigando, patrullando y apoyándose en informantes y colaboradores. Pero las ONG tenemos otra ventaja: convivimos diariamente con las comunidades.
Muchas veces una persona vulnerable se siente más cómoda hablando con un líder comunitario, con una fundación o con un colaborador social que acercándose directamente a una institución del Estado.
Esa confianza también salva vidas.
Y esa experiencia merece ser escuchada.
Durante la actividad se habló de tráfico ilícito de migrantes y de trata de personas. La magistrada explicó correctamente que son delitos diferentes, y estoy totalmente de acuerdo.
El tráfico ilícito de migrantes normalmente comienza con la voluntad de una persona que paga para ser trasladada de manera irregular hacia otro país.
Pero muchas veces ese recorrido termina siendo una trampa.
Lo que inició como un traslado irregular puede convertirse en explotación laboral, explotación sexual, servidumbre o cualquier otra forma de trata de personas.
Ahí es donde la prevención resulta tan importante.
Y esa prevención no puede depender únicamente del Estado.
Nosotros, desde las organizaciones sociales, también acumulamos experiencias que pueden aportar mucho.
En el caso de la Fundación RATT Dominicana, contamos con un Observatorio que durante años ha construido una red de colaboradores en diferentes provincias del país.
Oigan, cuando hablo de colaboradores, no estoy hablando únicamente de investigadores.
Tenemos abogados.
Tenemos guías turísticos.
Tenemos mecánicos.
Tenemos líderes comunitarios.
Tenemos ciudadanos que viven en esas comunidades donde existen puntos vulnerables y que conocen perfectamente lo que ocurre en su entorno.
Ellos no sustituyen el trabajo de la Policía Nacional.
Tampoco sustituyen el trabajo del Ministerio Público.
Lo complementan.
Porque conocen el terreno.
Escuchan a la comunidad.
Detectan cambios.
Identifican movimientos inusuales.
Y muchas veces pueden alertar antes de que una situación termine convirtiéndose en un caso de trata de personas.
En República Dominicana tampoco existen cientos de organizaciones dedicadas exclusivamente a combatir este delito.
Somos pocas.
Quizás ocho, diez o algunas más que trabajamos de manera permanente este tema.
Si nos comparamos con organizaciones dedicadas a otros sectores sociales, la diferencia es enorme.
Precisamente por ser pocas, deberíamos estar sentadas en la misma mesa cuando se diseñan estrategias de prevención, cuando se realizan capacitaciones y cuando se fortalecen los protocolos de actuación.
No para sustituir a nadie.
No para buscar protagonismo.
Sino para compartir experiencias y aprender juntos.
Porque la trata de personas cambia constantemente.
Las organizaciones criminales cambian sus métodos.
Las rutas cambian.
Las formas de captar víctimas cambian.
Y la respuesta también debe evolucionar.
Análisis OR5 del Observatorio Fundación RATT Dominicana
Observar: Las autoridades continúan fortaleciendo la capacitación de sus agentes en desapariciones y trata de personas.
Reconstruir: La formación reunió principalmente a instituciones estatales encargadas de la investigación y persecución del delito.
Rastrear: Las organizaciones sociales cuentan con información comunitaria, redes de colaboradores y conocimiento territorial que pueden fortalecer la detección temprana de posibles casos.
Relacionar: Los modelos internacionales más efectivos promueven la cooperación entre gobiernos, sociedad civil, organismos internacionales y comunidades locales.
Responder: La incorporación permanente de las organizaciones especializadas en futuras capacitaciones fortalecería la coordinación, ampliaría el intercambio de información preventiva y contribuiría a una respuesta más integral frente a la trata de personas.
Reflexión final
Yo seguiré insistiendo en este tema.
No porque quiera que una organización aparezca en una fotografía o reciba un reconocimiento.
Seguiré insistiendo porque estoy convencido de que cuando el Estado escucha a la sociedad civil y la sociedad civil trabaja de la mano con las instituciones, las víctimas tienen más posibilidades de ser protegidas y las redes criminales tienen menos espacio para actuar.
La lucha contra la trata de personas no pertenece únicamente a una institución.
Es una responsabilidad de todos.