La Cuaba y el riesgo de repetir errores ambientales

Editorial: La preocupación por la planta de desechos en La Cuaba reabre el debate sobre gestión ambiental y decisiones gubernamentales en República Dominicana.

Una alerta que no debe ser ignorada

La preocupación de los comunitarios por la planta de desechos La Cuaba no es un hecho aislado ni exagerado. Es, más bien, el reflejo de una desconfianza acumulada frente a proyectos que, bajo el discurso de modernización, terminan afectando a las comunidades.

Cuando los residentes advierten que una planta de valorización podría convertirse en un vertedero, no hablan desde la teoría, sino desde experiencias previas que han dejado huellas ambientales difíciles de borrar.

El precedente que obliga

El caso de Loma de Romero es un recordatorio reciente de que las decisiones gubernamentales pueden —y deben— ser revisadas cuando existe presión social justificada.

Por eso, el llamado al presidente Luis Abinader no es solo una solicitud puntual, sino una prueba de coherencia en la gestión pública. Si en una comunidad se actuó, ¿por qué en otra no?

Desarrollo vs. confianza ciudadana

El país necesita soluciones modernas para el manejo de residuos. Eso es indiscutible. Pero también es cierto que ningún proyecto será sostenible si nace sin el respaldo de la gente que vivirá con sus consecuencias.

La planta de desechos La Cuaba se encuentra ahora en ese punto crítico: avanzar sin consenso podría profundizar el conflicto social y erosionar la confianza en las instituciones.

Transparencia como punto de partida

Más que imponer o frenar de inmediato, el camino responsable parece ser la transparencia. Estudios técnicos claros, acceso a la información y participación comunitaria no deberían ser opcionales.

Sin estos elementos, cualquier iniciativa —por bien intencionada que sea— quedará bajo sospecha.

Una decisión que marcará precedente

Lo que ocurra en La Cuaba podría sentar un precedente para futuros proyectos ambientales en el país.

Ignorar la voz de la comunidad sería repetir errores del pasado. Escucharla, en cambio, abriría la puerta a una gestión más equilibrada entre desarrollo y sostenibilidad.

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