Mantenimiento, seguros, reparaciones y una menor capacidad de generar ingresos están obligando a algunas congregaciones a replantear cómo sostener sus actividades.
Mantener una iglesia abierta se ha convertido en un desafío cada vez mayor para algunas congregaciones, especialmente aquellas que enfrentan una combinación de aumento de los costos operativos, menor asistencia y reducción de los ingresos.
Informes y análisis recientes sobre la situación de distintas iglesias muestran que los gastos relacionados con edificios, reparaciones, servicios, seguros y personal están ejerciendo presión sobre los presupuestos de algunas comunidades de fe.
El costo de mantener los templos
Uno de los principales problemas está relacionado con el mantenimiento de los edificios.
En Reino Unido, por ejemplo, la organización National Churches Trust ha advertido sobre el elevado costo de las reparaciones de templos históricos. Un análisis publicado en septiembre de 2026 señala que más de un tercio de los techos incluidos en una encuesta de 3,628 edificios necesitaban trabajos urgentes o se encontraban en situación de riesgo.
La situación también ha llevado a congregaciones de otros lugares a revisar sus estructuras financieras ante el aumento de los costos y las dificultades para sostener edificios que reciben cada vez menos personas.
Menos asistentes también significa menos ingresos
La asistencia es otro elemento que puede afectar directamente las finanzas de una congregación.
Un informe de la Reformed Church in America señala que el aumento de los costos, combinado con niveles de asistencia que en muchas congregaciones no habían recuperado los niveles anteriores a la pandemia, ha generado presión financiera. También relaciona la menor asistencia con una reducción en las aportaciones económicas.
Esto crea un círculo difícil: menos personas pueden significar menos ingresos, mientras los gastos básicos del templo
La iglesia también busca nuevas formas de llegar a las personas
A estos cambios se suma la transformación en la manera en que algunas personas participan de los servicios religiosos.
Las transmisiones por internet y las plataformas digitales permiten seguir cultos y actividades desde casa, aunque la experiencia virtual no necesariamente sustituye el encuentro presencial de una comunidad.
Más allá del edificio
La situación económica puede obligar a algunas iglesias a reducir gastos, compartir espacios o buscar nuevas formas de organización. Sin embargo, para los creyentes, la iglesia representa algo que va más allá de sus paredes.
Es una comunidad de personas que se reúne para adorar, servir, acompañarse y mantener viva su fe.
Los cambios pueden ser difíciles, pero también pueden convertirse en una oportunidad para replantear la manera de llegar a quienes necesitan una palabra de esperanza.
En tiempos de dificultades, el desafío no es solamente mantener abierto un edificio, sino mantener unida a la comunidad y continuar sirviendo a los demás




