Mucho antes de convertirse en sinónimo de conflicto y operativos policiales, Capotillo fue el hogar de miles de familias trabajadoras que levantaron una comunidad marcada por el esfuerzo, la solidaridad y las luchas populares.
Cuando estudiaba en el Liceo Juan Pablo Duarte, mejor conocido como La Normal, en la avenida Duarte, conocí a muchos jóvenes que vivían en Capotillo.
En aquellos años, a principios de la década de 1980, decir que alguien era de Capotillo inspiraba respeto. No porque buscaran problemas, sino porque eran muchachos acostumbrados a una vida dura, forjada entre el trabajo, las dificultades y el deseo de salir adelante.
Muchos de ellos se levantaban antes del amanecer para ayudar a sus familias en el Mercado Nuevo de la Duarte, descargando camiones que llegaban desde distintos pueblos del país cargados de víveres, frutas y mercancías para abastecer a la capital.
Aquellos jóvenes trabajaban mientras otros todavía dormían.
El Capotillo que pocos recuerdan
La imagen que hoy tienen muchos dominicanos sobre Capotillo es muy diferente a la que existía hace cuatro décadas.
Detrás de sus calles estrechas vivían familias completas que luchaban diariamente por construir un mejor futuro para sus hijos.
Los colmados servían de punto de encuentro.
Los vecinos se conocían por nombre y apellido.
Las puertas permanecían abiertas durante gran parte del día.
Era un barrio humilde, pero lleno de vida.
Un sector marcado por las luchas populares
Durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, la República Dominicana enfrentó una profunda crisis económica.
Las medidas de ajuste impulsadas tras acuerdos con el Fondo Monetario Internacional provocaron aumentos en el costo de la vida y generaron un fuerte descontento social.
Capotillo fue uno de los sectores populares que respondió al llamado de protesta.
Muchos jóvenes salieron a las calles convencidos de que luchaban por un mejor futuro para sus familias.
Aquellos días dejaron heridas profundas en numerosos hogares dominicanos.
Algunos nunca regresaron a casa.
Del barrio trabajador al territorio en disputa
Con el paso de los años, Capotillo comenzó a enfrentar nuevos desafíos.
El crecimiento urbano desordenado, la pobreza acumulada y la falta de oportunidades crearon condiciones que facilitaron la expansión del microtráfico y de grupos vinculados a actividades delictivas.
Hoy, para muchos capitaleños, Capotillo es considerado uno de los barrios más peligrosos de Santo Domingo.
Los frecuentes operativos policiales y militares reflejan una realidad compleja que afecta a gran parte de sus residentes.
Sin embargo, sería injusto definir todo un barrio por las acciones de una minoría.
La inmensa mayoría de los habitantes continúa levantándose cada mañana para trabajar, estudiar y sostener a sus familias.
La otra historia de Capotillo
La historia de Capotillo no puede contarse únicamente desde la violencia.
También es la historia de obreros, comerciantes, estudiantes, amas de casa y emprendedores que han dedicado su vida a construir comunidad.
Es la historia de jóvenes que estudiaban en La Normal mientras trabajaban en el mercado.
De madres que hicieron milagros para alimentar a sus hijos.
De familias que levantaron sus viviendas bloque por bloque.
El barrio que permanece en la memoria
Cada vez que escucho hablar de Capotillo vuelvo a recordar aquellos años de estudiante.
Recuerdo compañeros llenos de sueños.
Recuerdo madrugadas de trabajo.
Recuerdo sacrificios que muchos nunca vieron.
Porque antes de los titulares, antes de los operativos y antes de la fama que hoy lo persigue, Capotillo fue un barrio de gente trabajadora.
Y esa también es una parte importante de la historia de Santo Domingo que merece ser contada.