Pocos conocen la historia de Félix W. Bernardino, el abogado dominicano que fue designado cónsul general en Nueva York durante la era de Trujillo y que marcó parte de la política exterior dominicana.
Su nombre estuvo ligado a decisiones diplomáticas clave, mientras su familia protagonizó episodios poco conocidos de la historia dominicana.
15 de noviembre de 1950, Rafael Leónidas Trujillo tomó una decisión que colocó a un abogado dominicano en una de las posiciones diplomáticas más importantes para el país: la representación consular en Nueva York.
Ese día fue designado Félix W. Bernardino como cónsul general dominicano en la ciudad estadounidense, una función estratégica en momentos en que la República Dominicana buscaba fortalecer su presencia internacional.
Aunque su nombre rara vez aparece en los relatos históricos más populares, Bernardino fue considerado una figura influyente dentro de la política exterior dominicana durante aquella época.
Graduado en Derecho en la Universidad de Santo Domingo y con estudios avanzados en leyes en España, desarrolló una carrera vinculada a la diplomacia y a la representación del país en escenarios internacionales.
La historia de los Bernardino también estuvo marcada por acontecimientos que aún despiertan curiosidad.
Su hermana, Minerva Bernardino, abrió camino para las mujeres en la diplomacia al convertirse en la primera representante dominicana ante las Naciones Unidas, un logro poco mencionado en muchos relatos históricos.
Mientras tanto, otro miembro de la familia, Luis Bernardino, ejercía funciones consulares en Londres. Su nombre quedó ligado a uno de los episodios más controversiales de la época tras ser asesinado por Octavio “Tavito” de la Maza, quien se desempeñaba como agregado militar en la capital británica.
Más de siete décadas después, estas historias continúan generando preguntas sobre personajes que influyeron en la proyección internacional de la República Dominicana, pero que con frecuencia permanecen fuera de los relatos más conocidos.
Son capítulos que ayudan a comprender cómo se construyó parte de la diplomacia dominicana y por qué algunas figuras relevantes quedaron relegadas al paso del tiempo