El nuevo director llega con una tarea que va mucho más allá de mandar
La llegada de un nuevo director general de la Policía Nacional vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que no puede esconderse detrás de un simple decreto: ¿qué necesita realmente la institución para recuperar autoridad, confianza y capacidad de respuesta?
El mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García asumió el cargo el 17 de agosto de 2026, mediante el Decreto 558-26, en sustitución del mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz, quien pasó a retiro después de aproximadamente seis meses al frente de la institución.
Pero el debate no termina con el cambio de mando.
Para el general retirado Damián Arias Matos, entrevistado sobre la situación policial, la designación de Rodríguez García representa una oportunidad importante porque, según su valoración, el nuevo director conoce desde dentro buena parte de la estructura policial y ha ocupado diferentes responsabilidades operativas.
Y ahí comienza lo interesante.
¿Por qué duró solo seis meses Cruz Cruz?
Andrés Modesto Cruz Cruz fue designado director general el 17 de febrero de 2026 y permaneció en el cargo hasta el 17 de agosto. Su salida se convirtió en la gestión más breve de un director de la Policía durante el período de gobierno de Luis Abinader.
La pregunta es inevitable: ¿qué ocurrió durante esos seis meses?
Arias Matos evita presentar una explicación cerrada. Sin embargo, sostiene que dirigir la Policía requiere una combinación de experiencia profesional, conocimiento de la estructura interna, capacidad de investigación, manejo territorial y relación con las comunidades.
En su opinión, algunas de esas capacidades no quedaron suficientemente demostradas durante la gestión saliente.
Su planteamiento adquiere mayor peso cuando recuerda episodios como la situación ocurrida en Navarrete, que, según su interpretación, evidenció dificultades para manejar escenarios de alta conflictividad.
Aquí conviene hacer una precisión periodística: las afirmaciones del general Arias Matos corresponden a su valoración personal sobre la gestión de Cruz Cruz, y no constituyen por sí mismas una conclusión oficial sobre las razones de su salida.
El Poder Ejecutivo, al disponer el relevo, no presentó públicamente en el decreto una explicación detallada sobre las causas de la sustitución. El Decreto 558-26 estableció el nombramiento de Rodríguez García y el retiro de Cruz Cruz.
Navarrete y el problema de la conducción policial
Uno de los puntos más fuertes de la entrevista fue Navarrete.
Arias Matos cuestionó la manera en que, desde su perspectiva, se enfrentó aquel escenario de tensión social y violencia.
Su argumento es sencillo: los territorios conflictivos no pueden manejarse solamente desde el despacho.
Hay que conocer el terreno.
Hay que conocer a los actores.
Hay que anticiparse al conflicto.
Y, sobre todo, hay que entender que una intervención policial debe estar acompañada de inteligencia, planificación, disciplina y respeto al Estado de derecho.
Ese último punto resulta fundamental.
Porque una Policía moderna no puede confundirse con una fuerza que actúa sin límites.
La apuesta por Ernesto Rodríguez
Sobre el nuevo director, Arias Matos fue categórico.
Lo considera una de las mejores opciones para el momento que atraviesa la Policía Nacional.
Rodríguez García no llega desde fuera de la institución. Antes de asumir la dirección general ocupó, entre otras funciones, la Inspectoría General, la Dirección Central de Prevención, posiciones regionales y la antigua dirección de AMET, según los antecedentes difundidos tras su designación.
También ingresó a la Academia de Cadetes en 1987 y es abogado, graduado magna cum laude de la Universidad del Caribe, de acuerdo con información publicada tras su nombramiento.
Para Arias Matos, ese recorrido tiene una ventaja evidente: Rodríguez conoce la Policía desde diferentes niveles.
Y eso puede ser decisivo.
No se trata de ser duro; se trata de aplicar la ley
Uno de los conceptos que más llamó mi atención de la entrevista fue la crítica a la expresión de que una nueva Policía será simplemente “intolerante” frente al delito.
La autoridad policial no necesita discursos de intolerancia.
Necesita resultados.
Necesita investigación.
Necesita inteligencia.
Necesita prevención.
Y necesita respetar el debido proceso.
La República Dominicana no vive bajo una dictadura. La Policía forma parte de un Estado democrático y sus actuaciones deben someterse a la Constitución y las leyes.
Por eso, la verdadera fortaleza de un director no debería medirse por cuánto grita o cuánto amenaza.
Debe medirse por cuánto consigue ordenar.
El otro desafío está dentro de la propia Policía
Arias Matos también puso sobre la mesa una situación que merece atención: las tensiones internas dentro de la institución.
Según su lectura, cuando existe una gran cantidad de oficiales generales con aspiraciones de dirigir la Policía, el nuevo titular puede encontrar resistencia interna.
La advertencia es clara.
La Policía no puede trabajar dividida.
Un director necesita que su estructura de mando lo acompañe, especialmente en un momento en que la institución atraviesa un proceso de transformación y modernización.
La propia Policía ha reconocido que ese proceso busca fortalecer el modelo de servicio, el patrullaje y las capacidades institucionales.
La pregunta que queda sobre la mesa
Ernesto Rodríguez tiene experiencia.
Tiene conocimiento interno.
Tiene trayectoria operativa.
Pero ahora viene la parte verdaderamente difícil: demostrar que todo ese recorrido puede convertirse en resultados.
El nuevo director recibe una institución que necesita confianza ciudadana, disciplina interna, mejores investigaciones criminales y una respuesta más eficiente frente al delito.
También recibe una Policía que está siendo observada por todos.
Por los ciudadanos.
Por los propios agentes.
Por el Ministerio Público.
Por el Gobierno.
Y por los medios de comunicación.
La entrevista con Damián Arias Matos deja una conclusión que considero importante: el cambio de director no puede ser solamente un cambio de nombre en la puerta del despacho. Tiene que convertirse en un cambio en la manera de conducir la institución.
Porque seis meses pueden parecer poco tiempo.
Pero cuando se trata de la Policía Nacional, seis meses también pueden ser suficientes para demostrar que algo funcionó, que algo falló o que simplemente llegó el momento de cambiar el rumbo.