La baja del precio del pollo en Santo Domingo Este hasta RD$55 la libra alivia a las familias, pero evidencia problemas estructurales del mercado.
Baja del pollo alivia, pero no resuelve
Santo Domingo Este. – La reciente baja del precio del pollo, que ya se vende hasta a RD$55 por libra en algunos sectores, representa un alivio inmediato para las familias, pero no soluciona el problema de fondo del mercado alimentario.
El ajuste, observado en zonas como Villa Faro y Los Mina, confirma que los precios pueden variar rápidamente cuando intervienen factores dentro de la cadena de distribución.
Un respiro necesario para los hogares
Para los consumidores, la reducción es una buena noticia. El pollo es uno de los productos más consumidos en la dieta dominicana, por lo que su disminución impacta directamente el gasto familiar.
En un contexto donde el costo de la vida sigue siendo elevado, cualquier rebaja en alimentos básicos se siente de inmediato en el bolsillo.
Un mercado con ajustes desiguales
Sin embargo, la aplicación gradual de los nuevos precios revela una realidad preocupante: no todos los comercios reflejan la misma rebaja.
Esta falta de uniformidad deja en evidencia debilidades en la estructura del mercado, donde el precio final depende del punto de venta.
Decisiones que influyen en el precio
La reducción del pollo responde a medidas adoptadas por el sector distribuidor, lo que demuestra que existe margen para regular los costos cuando hay coordinación.
Pero también deja claro que el comportamiento del mercado no siempre responde únicamente a la oferta y la demanda.
El verdadero desafío: estabilidad
El principal reto no es que el pollo baje hoy, sino que mantenga un precio estable en el tiempo.
Factores como los costos de producción, transporte y comercialización siguen siendo determinantes que pueden provocar nuevas alzas en cualquier momento.
Más allá de la coyuntura
La baja del pollo debe verse como una oportunidad para reflexionar sobre la necesidad de un mercado más transparente y equilibrado.
Garantizar precios justos y sostenibles no solo beneficiaría a los consumidores, sino también a productores y comerciantes, fortaleciendo así toda la cadena alimentaria.