Aquiles Azar: del púlpito multitudinario a una vida marcada por la controversia

El predicador fue una de las figuras vinculadas al auge del evangelio de la prosperidad en República Dominicana durante los primeros años de la década de 2000.

Santo Domingo.– Hubo una época en la República Dominicana en la que el nombre de Aquiles Azar estaba asociado a grandes concentraciones, prédicas multitudinarias y un mensaje cristiano que alcanzaba a miles de personas.


Su figura tomó fuerza dentro del movimiento evangélico dominicano y su ministerio llegó incluso a la televisión internacional.
Documentos y publicaciones de la época muestran que Azar dirigía la Congregación de Fe Cristiana en Santo Domingo y La Romana. En 2003, el periódico Hoy reseñó la presentación de tres de sus libros y señaló que sus programas cristianos eran transmitidos por canales locales y por la cadena Enlace para una audiencia internacional.


Su trayectoria tampoco se limitó al púlpito.
Azar desarrolló una producción literaria vinculada a temas de fe, avivamiento y espiritualidad. Entre sus publicaciones aparece La Escuela del Espíritu Santo, obra presentada como un manual sobre los dones del Espíritu Santo, la sanidad, los milagros y la vida espiritual.


En la descripción de su propio ministerio también aparece una historia de crecimiento marcada por la influencia de predicadores internacionales y por una experiencia que, según su testimonio, ocurrió durante una cruzada de Benny Hinn en Puerto Rico en 1997.
La pregunta que queda sobre el púlpito
Pero cuando se revisa la historia de determinados movimientos religiosos que crecieron alrededor de grandes líderes carismáticos, aparece una pregunta inevitable:
¿Dónde termina el ministerio y dónde comienza la construcción de una marca personal?
La pregunta no está dirigida exclusivamente contra Aquiles Azar.
Es un cuestionamiento mucho más amplio a un modelo religioso en el que el predicador puede convertirse en una figura de enorme influencia, mientras los seguidores depositan en él no solamente su confianza espiritual, sino también recursos, admiración y autoridad.
Ese fenómeno merece ser analizado con responsabilidad.
Porque una cosa es predicar sobre la prosperidad y otra muy diferente es convertir la fe en una fórmula para alcanzar beneficios materiales.
El peligro de confundir al mensajero con el mensaje
La historia de cualquier líder religioso debería poder examinarse desde la transparencia.
¿Quién administra los recursos?
¿Existen mecanismos de rendición de cuentas?
¿Las instituciones religiosas tienen controles financieros?
¿Los seguidores pueden cuestionar al liderazgo sin ser considerados rebeldes o faltos de fe?
Son preguntas incómodas, pero necesarias.
En el caso de Aquiles Azar, existen registros públicos que permiten reconstruir parte de su trayectoria ministerial y editorial. Sin embargo, las acusaciones personales y financieras que circulan sobre su pasado requieren documentación adicional antes de presentarlas como hechos comprobados.
Y ahí está precisamente la diferencia entre una denuncia responsable y una acusación sin sustento.
De la multitud al legado
Con el paso de los años, las grandes concentraciones religiosas de aquella época quedaron atrás y el nombre de Azar permanece también ligado a sus libros y enseñanzas.
Su producción literaria continúa disponible y su ministerio ha dejado una huella dentro de determinado sector del cristianismo evangélico dominicano.
Pero quizá la reflexión más importante no está en determinar cuánto éxito tuvo un predicador, cuántas personas llegaron a escucharlo o cuántos libros publicó.
La verdadera pregunta es otra:
¿Qué sucede cuando los creyentes comienzan a seguir más al hombre que a Cristo?
Porque el cristianismo no debería depender de la popularidad de un predicador.
Los escenarios pueden llenarse.
Los libros pueden venderse.
Los programas pueden alcanzar millones de hogares.
Pero, al final, el mensaje cristiano debería permanecer por encima del mensajero.
Y esa es una lección que no solamente corresponde a Aquiles Azar, sino a toda una generación de líderes religiosos que alguna vez descubrieron que la fama del púlpito puede ser tan poderosa como peligrosa cuando no está acompañada de transparencia, humildad y rendición de cuentas.