¿Quién es Dios para ti? El verdadero tesoro

Por: Omar Estrella:
Licenciado en Derecho.
Maestría en Derecho Civil y Procesal Civil.
Maestría en Derecho Constitucional y Procesal Constitucional.
Maestría en Teología Sistemática.
Doctorando en Teología.


QUIÉN ES DIOS PARA

Una reflexión sobre el lugar que Dios ocupó en la vida de Moisés, Pablo y David y lo que significa tener a Cristo como el verdadero tesoro.

Alguna vez te has preguntado: ¿quién es Dios para mí, o qué significado tiene Dios en mi vida?

Esta es una pregunta sumamente importante y la respuesta va a depender de cuánto apreciamos o valoramos a Dios en nuestras vidas.

Esta es una pregunta sumamente importante y la respuesta va a depender de cuánto apreciamos o valoramos a Dios en nuestras vidas.

Cuando nos sumergimos en el estudio de las Santas Escrituras, nos damos cuenta de que, para los verdaderos hombres de Dios de todas las épocas, Dios siempre ha sido el todo y en todo de ellos: su deleite, su gozo, su anhelo, el imprescindible, la fuente de todo bien y el manantial de la vida.

En esta reflexión veremos, de manera muy sumaria, quién era Dios para tres de los hombres más destacados e importantes de las Sagradas Escrituras, a saber: el profeta Moisés, el apóstol Pablo y el rey David.

Veamos la importancia de Dios para Moisés

Dios le dijo a Moisés:


“Vete de aquí, tú y el pueblo que sacaste de la tierra de Egipto, a la tierra de la cual juré a Abraham, Isaac y Jacob… Yo enviaré delante de ti el ángel, y echaré fuera al cananeo, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo… Subirás a la tierra que fluye leche y miel, pero yo no subiré contigo…”.

Muchos en el pueblo de Dios, cuando son confrontados con esta prueba, escogen la bendición y la prosperidad y se conforman con estas cosas materiales, debido a su ceguera y falta de entendimiento espiritual.
Pero Moisés, el gran varón de Dios, un hombre que amaba a Dios y su palabra, quien había desechado aun el reino de Egipto —que era el imperio de ese entonces—, pues él rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón.
O sea, él era un heredero al trono, o el heredero al trono, como afirman algunos historiadores y teólogos.


Él renunció a todo esto y aún más: “prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios, antes que gozar de los deleites temporales del pecado, y consideró como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de los egipcios”.


Este Moisés le dijo a Dios:
“Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros?”.
Éxodo 33.15 y 16.


Para Moisés, Dios era el todo, la riqueza eterna e imperecedera. A él no le importaban las cosas materiales, ni aun la tierra prometida, si esto implicaba renunciar a lo único real y verdadero, que es el Señor Jesucristo.


Realmente, Cristo llegó a ser su tesoro y, con razón, Moisés ocupa eternamente un lugar de mucha preeminencia en el Reino eterno de Dios.

¿Quién fue Dios para el apóstol Pablo?


Para el apóstol Pablo, Cristo fue el todo, fue la única fuente de gozo y alegría.


Fíjense lo que él escribió en Filipenses 3.7-8:


“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”.


En el contexto, Pablo está hablando de sus credenciales, lo cual podríamos llamar su currículo
Él dice:
“Circuncidado el octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia de la ley, hallado irreprensible”.
Filipenses 3:5-6.
Humanamente, cualquiera se sentiría orgulloso con estas credenciales y otras que no son mencionadas aquí.


Sin embargo, Pablo consideró todas estas cosas como estiércol, a fin de ganar a Cristo y la excelencia del conocimiento de Jesucristo.


O sea, para Pablo, Cristo era su tesoro, y él vivió toda su vida con el único propósito de agradar a su Señor en todo.

¿Quién fue Dios para el rey David?
En Salmo 16.11, David, el hombre conforme al corazón de Dios, escribió:
“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre”.
Y en el Salmo 27.4 dice:
“Una cosa he pedido al Señor, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo”.
En resumen, el anhelo de David era el Señor mismo, su presencia, su comunión.
Dios era el todo en la vida de David.
Las prioridades de David no eran el reino ni las riquezas que esto implicaba. El centro de la vida de este hombre y su fuente eran Dios.
Eres un hombre rico, pero no tienes a Cristo; sencillamente, eres la persona más digna de lástima, eres un pordiosero, un miserable y un desafortunado.
En cambio, aunque seas rico o pobre, pero tienes a Cristo, entonces eres un afortunado, un bienaventurado y tienes una riqueza divina incalculable e inefable.
La Biblia llama a Cristo el Tesoro escondido en el campo. El campo representa el mundo, pero él es un tesoro escondido.
Eso significa que no está visible a nuestros ojos, está oculto y, para encontrarlo, se requiere de un milagro, de un acto de la misericordia y la gracia de Dios.
Pero la Biblia dice que él es hallado por aquellos que lo buscan de manera insistente y con perseverancia, y además Dios es galardonador de los que le buscan con diligencia.
Jeremías 29.13 dice:
“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón, y seré hallado por vosotros, dice Jehová”.
Dios te bendiga, te guarde y proteja siempre.